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28 dic. 2011

¡Gratis!, o la falacia de lo común

Hace algunos meses compré un Kindle DX, que viene a ser como un Kindle normal un poco más grande. Lo adquirí en Amazon.com y unas semanas después llegó a casa desde un almacén de Pensilvania. Inmediatamente comencé a utilizarlo con algunos textos antiguos que ya tenía, descargados de no recuerdo dónde, y lo cierto es que el aparato enganchaba bastante. No era lo mismo que leer un libro de papel de los de toda la vida, desde luego, pero la comodidad que experimentaba superaba con creces los restos nostálgicos que pudiera sentir aún por el método tradicional.

21 dic. 2011

El financiero

Escribo esto la víspera de la fiesta santificada al dinero aleatorio, cuando tanto pobres como ricos se entregan al cotejo de un papel de la suerte en la confianza de que podrán convertir una inversión diminuta en la fortuna de sus sueños. Quién dijo que el dinero no da la felicidad, cuando sólo hay que anticipar la alegría barata en caras anónimas regadas con espuma de champán. Ansia viva. Ya oigo la cantinela numérica y el murmullo que especula con que el niño entone una cifra concreta. Definitivamente, prefiero el sistema babilónico borgiano a este, tan injusto y predecible en sus efectos.

20 dic. 2011

La generación beat

Hace un par de semanas se presentó un libro en Barcelona mediante el método siguiente: (1) los asistentes se tomaron los vinos y las aceitunas; (2) los asistentes aplaudieron; (3) el autor leyó pasajes del libro; (4) el presentador presentó al autor; (5) los asistentes se marcharon del local andando hacia atrás, como si en realidad estuvieran llegando. Aquella presentación comenzó por el final, como las generaciones literarias, que arrancan, por así decir, de forma potencial, sin hechos tangibles que la avalen. Primero unas señales de humo, y después, quizá, todo lo demás.

19 dic. 2011

¡Despidan a esos desgraciados!

Los reconocimientos de William Gaddis no es una novela muy leída en español por la sencilla razón de que es casi ilocalizable en español. La publicó Alfaguara en 1987, treinta y dos años después de que Harcourt, Brace & Company consiguiera vender 500 ejemplares de su versión original en inglés. Hoy día es artículo de coleccionista y materia frecuente de intercambio bibliotecario, y también objeto de especulación creciente porque parece que será publicada de nuevo en español por la editorial Sexto Piso, propietaria de los derechos de difusión en nuestro idioma, algo (esto último) de lo que puedo dar fe.

13 dic. 2011

El rey pálido

Lo están haciendo de nuevo: están reseñando (/opinando sobre) un gran libro sin haberlo leído. Además le están contando al lector una interpretación que el propio editor ofrece al final, tomada de las notas del autor. Piensan que el lector no es inteligente, que por estar ante un libro inacabado (al menos según la edición americana) no va a enterarse de la misa entera, y por ello creen que deben añadir especulaciones y verborrea sobre la vida y circunstancias de DFW para convocar al morbo y/o provocar lástima y así aumentar los acercamientos a una obra que ellos, quienes no la han leído, entenderían si de verdad la hubieran leído.

7 dic. 2011

Desierto financiero

Me resulta imposible escribir sobre literatura en estos momentos tan convulsos y llenos de incertidumbre económica y financiera. Sencillamente, no me sale. Ayer por la tarde dimos un paseo por el centro histórico/comercial de la ciudad, que estaba a reventar de gente a su vez paseando y haciendo, en esencia, nada salvo pasear y constatar la sorprendente cantidad de otros que hacían lo mismo. Las tiendas estaban cerradas, casi todas. Había los típicos mercadillos navideños y los bares rebosaban clientes. Con una imagen así es difícil pensar que esta misma semana sabremos si nos hundimos o no.

5 dic. 2011

Ritual en la oscuridad

“No me entiende —dijo él, con paciencia—. No es eso lo que intento decir. Lo que intento decir es que nuestra experiencia está deshilvanada. Vivimos más o menos en el presente. Si fuéramos honestos, reconoceríamos que la vida es una serie de momentos engarzados por nuestra necesidad de mantenernos con vida, de derrotar al aburrimiento. Nuestra experiencia está hecha de pedazos. Pero el hombre de negocios de Surbiton lo hilvana todo creyendo que el propósito de la vida es tener un coche más grande. El político

27 nov. 2011

astillas

Leyendo esta novela de Celso Castro me acordaba de El guardián entre el centeno y de La Divina Comedia. La terminé y de inmediato —esto es literal, como cuando enciendes un cigarrillo con la brasa del anterior— me puse con Ritual en la oscuridad, de Colin Wilson, y durante muchas partes de esta segunda novela no pude dejar de acordarme de astillas de Celso Castro. Y terminé aquel otro libro e inmediatamente (la novela de Wilson todavía echaba humo) comencé a leer un ensayo sobre la generación beat que hizo que me acordara muchísimo de esas dos novelas aunque de cada una por motivos diferentes.

17 nov. 2011

Leer a Montaigne

Compré los Ensayos en una Feria del Libro hace siete años y lo leí en situaciones de espera. Hubo un día en particular en el que leer a Montaigne mientras el tiempo se acumulaba evitó que apareciera el aburrimiento y que éste se convirtiera en indignación y a su vez en cabreo manifiesto. Estaba citado con un alcalde que se comportaba como un reyezuelo, y que obligaba a sus visitantes a una especie de penitencia consistente en dejarlos olvidados durante horas en la antesala de su despacho, esperando.

16 nov. 2011

El espía

De acuerdo con que los límites de la literatura son difusos. En bastantes ocasiones resulta arriesgado decir que esta o aquella novela relegada a uno u otro género comercial no pueda ser considerada también literatura. Asumamos que esa problemática está superada y que carece de importancia. Más preocupantes son las fronteras que los lectores suelen marcar dentro del territorio de lo que claramente y sin discusión es literatura. Fronteras de todo tipo, algunas tan pueriles como la edad de los autores y, por derivación, la de sus lectores.

14 nov. 2011

Los mandarines

¿Cuántas veces te ha pasado esto? Estás en un establecimiento comercial, sea un restaurante o una tienda o un museo; también vale como ejemplo un avión. La comida, la mercancía, los cuadros, el viaje te resultan tan acordes a lo que de ellos esperabas, e incluso mejoran tus expectativas, que no eres consciente de que detrás de la puesta en escena, que piensas ha sido ideada para ti y para gente como tú, hay recursos bien empleados y una organización que funciona. Disfrutas una experiencia que escapa a la crítica porque ni siquiera sabes que la estás disfrutando.

9 nov. 2011

Últimos días en el Puesto del Este

Estoy a punto de terminar de leer una novela que me han regalado. Eso es tener mucha suerte, que a uno le regalen libros, teniendo en cuenta además que ningún mercado está para dispendios. Porque los mercados están muy mal, no paran de decirlo: que si van a tener que emigrar por culpa de la piratería, que si cierran o se ponen a saldo o directamente quiebran un montón de editoriales, que para qué publicar a la “vieja usanza” si una niña americana es capaz de vender un millón de ejemplares de fantasía sin editor ni agente ni hostias en verso…

8 nov. 2011

La crítica literaria según DFW

En 2009 la Universidad de Texas adquirió, a través del Harry Ransom Center, el archivo personal del escritor David Foster Wallace. El archivo contiene manuscritos de sus libros, relatos y ensayos, escritos colegiales y juveniles, cartas, poemas, materiales de enseñanza y libros. Los materiales son en su mayoría accesibles previa petición al Centro y reproducibles en estudios, ensayos y artículos periodísticos o de investigación. Sólo hay que acercarse a Austin, Texas, aunque queda algo lejos y el billete de avión es caro.

4 nov. 2011

La tournée de Dios

He leído estos días las tres novelas de Enrique Jardiel Poncela que Blackie Books ha publicado: Amor se escribe sin hache, ¡Espérame en Siberia, vida mía! y La tournée de Dios. Semejante revival deja a otros muchos revivals a la altura del betún. No sé por qué las autoridades educativas no han impuesto ya a Jardiel en la lista obligatoria de lecturas escolares. Los niños aprenderían ortografía, geografía, medicina, periodismo, artes gráficas, dibujo y educación para la ciudadanía riéndose. Y aprenderían que en España, antes, había gente que escribía cosas con fundamento.

3 nov. 2011

Otro ejemplo más de la porosidad de ciertas fronteras

A Fernando P., Maestro Jedi

Aviso: este texto es raro porque va de humanos y los humanos son raros. Se pasan la vida imitándose unos a otros a la par que intentando diferenciarse en cualquier cosa. Naturalmente, si le preguntas a uno por qué hace lo que hace te mirará como si fueras un extraterrestre y te evitará. Evidencia de que, por mucho que se ufanen, los humanos no están preparados para conocer su propia lógica.

25 oct. 2011

Setenta acrílico treinta lana

Me acerco a esta novela el fin de semana sin ningún prejuicio. Hay múltiples y ruidosas voces que, por un lado, alaban a la autora pero dicen poco de su trabajo y, por otro, la denigran en base a su temprana edad (23 años) y a declaraciones descontextualizadas sin tampoco añadir nada sobre su novela. Demasiadas voces, pues la edición española (ella es italiana pero reside en el Reino Unido) acaba de salir de imprenta aunque, hay que decirlo, viene precedida de todas esas referencias que a cualquiera que no tenga una idea preconcebida de cómo debe ser y parecer —y aparecer— el arte le impulsarían a leerla.

20 oct. 2011

Paul Poor

Me llamo Poor, Paul Poor, y soy socio de Míster Standard en Standard & Poor’s. Somos conocidos por esa parte de nuestro trabajo que consiste en poner nota a las deudas de los demás. Es nuestra forma de marcar, de anticipar la probabilidad de que quien deba dinero pueda pagarlo a su vencimiento. Una tarea nada fácil ni agradable. Siempre que finalizo uno de mis cálculos y resulta negativo me lo pienso mucho antes de hacerlo público. Soy consciente de que en esta época de honor devaluado manda la nobleza del dinero. Y a nosotros nos toca decidir su rango.

19 oct. 2011

Entrevistas breves con hombres repulsivos

Mondadori lleva meses amenazando con publicar la traducción de El rey pálido, la novela inconclusa de David Foster Wallace, pero ya, por fin, el 17 de noviembre podremos abalanzarnos sobre un ejemplar para devorarlo y, quizá, terminar su trabajo. Hay que ponerse metas complicadas. Abandonar los sudokus y la narrativa barata. Los objetivos a corto plazo devuelven granos de alegría y tedio inmediato. Ya basta de quejas, quizá no podamos levantar el PIB pero eso no significa que estemos dormidos. Podríais empezar por dejar de leer pamplinas y poneros al día.

16 oct. 2011

el afinador de habitaciones

y yo lo he pensado muchas veces: que estás en tu ataúd, o en tu lecho de muerte, y estás ahí, mano sobre mano, esperando que pase algo, y de repente, de la forma más sobrenatural, ves una cosita que sale así, que sale de ti, y revolotea desmañadamente por la habitación, y un par de vueltas y se escapa por la puerta, o por la ventana entreabierta, y te das cuenta de que es el alma, con sus alitas y todo, y que se va, que se va sin ti, y que tú no eras el alma, que no estabas en el alma, que estabas en el cuerpo, y que te quedas

10 oct. 2011

En teoría

Esto no es literario, pero podría servirle a literatos, periodistas, filólogos, currantes de la letra y lectores. También a estudiantes. Aviso que su puesta en práctica requiere algo de esfuerzo y buena letra. Se trata básicamente de ese tipo de iniciativas que los manuales de autoayuda nunca incluyen porque sus autores no tienen ni puta idea de cómo hacer realidad las quimeras que escriben. Lanzan su basura de sentido común y a cobrar, verbo impío. Después los encuentras dando conferencias, asesorando a catetos de la economía y firmando columnas en los periódicos: zonas superdinerizadas.

7 oct. 2011

Tirarse a Cenicienta

Se vende como la revolución literaria del año —que no “revelación”, ésta palabra la reservaron los de Salamandra para la novela de Franzen—, por calidad, precio y forma de entrega. Y por apostar por un futuro que quizá ya esté aquí. Libros a un euro (adelante, chiste fácil…). Los responsables de sigueleyendo.es han dicho basta y han decidido reventar el mercado, quitándole el cuento de las manos a libreros y distribuidores. Y como sin cuento no hay negocio que valga, hasta medio centenar de escritores han dado el Sí quiero a una iniciativa que, por buena y pienso que bien puesta en práctica, merece que la plagien y la maldigan e incluso la parodien.

6 oct. 2011

Carta abierta

Desde que se conoció la noticia de la inminente retirada de El Hacedor (de Borges), Remake de Agustín Fernández Mallo a raíz de las presiones de los abogados de María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges, han sido muchas las muestras de apoyo que ha recibido el autor (y digo bien, autor) del libro. También —por aquellos que ven la literatura como un estadio de fútbol y se escudan en el anonimato de la masa para soltar eructos— en su contra y a favor de cualquier maniobra destinada a minar su profesionalidad.

4 oct. 2011

Fricciones

Preliminares. El sábado fui a comprar libros y casi no me llevo ninguno. En la librería vi una gran torre de ejemplares de Libertad, de Jonathan Franzen, al increíble precio de 25 euros. Cierto que la novela se anuncia como la novedad literaria más esperada del año (o algo así), y que tanto su envergadura como la alcurnia de sus blurbs prometen un buen rendimiento de la inversión. Pero 25 euros. Entonces me acerqué hasta la sección de literatura en otros idiomas para buscar Freedom, también de Franzen, y encontré dos formatos a precios distintos: el más majo, 13 euros; el de bolsillo, sólo 8.

30 sept. 2011

Derecho(s) sobre Bo®ges

Ya lo sabréis todos: María Kodama, viuda beneficiaria de los derechos sobre la obra de Jorge Luis Borges, ha conseguido la retirada del mercado de El hacedor (de Borges), remake, de Agustín Fernández Mallo. No ha conseguido, sin embargo, que al teclear las dos primeras palabras de ese título tan deliberadamente explícito, el propio Google proponga terminar la secuencia con los términos pdf, descargar, etc. No podrá impedir, por otra parte, que su nombre, María Kodama, sea recordado sin ser inmediatamente asociado a los adjetivos inculta, soberbia y codiciosa.

27 sept. 2011

Los electrocutados

¿Sabéis?, la mejor literatura, en mi opinión, es aquella que no se queda en una trama, ni encierra el mundo entre sus hojas, ni se recrea en aventuras. La mejor, en mi opinión, es aquella que le pasa al lector un brazo por los hombros —o lo coge de la cintura— y le va contando de a poco y explicando lo justo. Porque ella deja que también tú bailes y quiere que vayas uniendo los puntos hasta completar la figura. La mejor literatura sería, entonces, aquella que no te da de comer de su pico porque prefiere —porque sabe que así lo prefieres— que seas tú quien acabe de cocinar la receta.

23 sept. 2011

La solución final cervantina

Tengo una amiga que trabaja en una sucursal de la FNAC que no diré para proteger su anonimato (no, no está en Málaga). Nos hicimos amigos por cuestiones literarias. Entre los dos convencimos a una chica que buscaba novela histórica de que se llevara Memorias de Adriano en lugar de otra cuyo título tampoco diré, aunque el anonimato lo tiene ya garantizado sin ayuda externa. Ella libra una guerra particular contra los best-sellers que, paradojas del consumo, le dan de comer. Y se pregunta por qué, habida cuenta del descaro con que su propia empresa divide el espacio en entretenimiento y literatura, el comprador de aquéllos no se hace preguntas, aunque sólo sea esta: ¿por qué leo lo que leo?

22 sept. 2011

El Cándido de Moratín

A menudo despreciamos obras por el mero hecho de que no son novedosas, o por considerarlas manoseadas, o porque pensamos que no tienen nada que enseñarnos, que su lectura no nos reportará ni siquiera la utilidad del entretenimiento. Y si el verbo no es despreciar, cambiémoslo por ignorar, rehuir o evitar, da lo mismo. El resultado es que (nos) decimos conocerlas, pero sin haberlas leído. La Ilíada, la Comedia, el Decamerón, el Quijote, el Ulysses, la Recherche… Todas, además, merecedoras de una subjetivización per se: artículo más nombre, sin cursivas, sin autor.

20 sept. 2011

Residuos

Ayer escuché en la tele que un satélite va a caer a la Tierra de un momento a otro. Que aunque pesa unas cuantas toneladas, la fricción con la atmósfera reducirá el fragmento principal a quinientos kilos. La NASA no tiene ni idea de dónde se estrellará el artefacto, pero hacen cálculos. El planeta está cubierto en su mayor parte de agua, y la tierra firme está casi deshabitada, por lo que la posibilidad de que le caiga a uno en la cabeza es de 1 entre 3.200. Estas cosas, cómo no, ya están previstas por la literatura, y el importe de la indemnización en caso de desastre, tasado y publicado.

19 sept. 2011

Perros de porcelana

Venga, hoy voy a hablaros de una novela de suicidios en el entorno empresarial. De presiones, depresiones, adicciones, violaciones, locura y asesinatos en los bajos fondos de la esclavitud laboral. La intriga en la empresa vino a sustituir de manera fáctica los trapicheos en la Corte y los entornos aristocráticos. De alguna manera la democracia acabó también con el absolutismo en materia de historias interesantes. Las narraciones con personajes de sangre azul han quedado para ensuciar páginas de papel cuché o para ser declamadas en platós de televisión al servicio de audiencias masivas no-lectoras.

16 sept. 2011

Soy economista y os pido disculpas (2)

Florence Noiville nació en Boulogne-Billancourt, área metropolitana de París, a tiro de piedra del Campo de Marte y la Torre Eiffel. Tiene 50 años y es economista graduada en la École de Hautes Études Commerciales (HEC) de París; posee, además, un Máster en Derecho. Durante años trabajó para multinacionales como analista financiera. Dice que se hartó (“Cuando se sabe cómo leer presupuestos y cuentas de explotación, es como montar en bicicleta. El conocimiento se adquiere para toda la vida. De ahí la necesidad de pasar a otra cosa.”) y decidió cambiar números por letras. Hoy, además de escribir, dirige el suplemento Livres del periódico Le Monde. Casi todo esto me suena un montón, pero con menos brillo.

13 sept. 2011

Primer Premio Internacional de Lectura Literaria

A continuación, algo que se sale de la línea habitual de este blog, aunque todo quedará en casa, como enseguida comprobaréis. Se trata de una propuesta que recibí y que al principio rechacé aunque después, tras recapacitar, pensé que era buena idea a la par que divertida y valiente. Proviene de fuentes confiables y solventes —exclusivamente personas físicas con un interés común— y es parte de algo un poco —pero sólo un poco, por ahora— más ambicioso que, según el nivel de seguimiento que tenga la primera iniciativa, podrá o no cristalizar en una iniciativa interesante. Ha recaído en mí la labor de dar forma escrita a esa primera acción, y de publicitarla. Quizá lo más difícil sea esto, saber si el mensaje llegará a todo aquel que pudiera estar interesado; haré lo que pueda y, además, encenderé una vela al dios de la viralidad.

12 sept. 2011

Los números temerarios

Michel Houellebecq es un provocador. Michel Houellebecq está de moda, es novedad. Michel Houellebecq escribe poemas que son bodegones de carne y novelas de sexo ficción, libros de teoficción, ensayos de socioficción. Michel Houellebecq es el único superviviente de un futuro naufragio: él ya está allí, donde (cuando) el presente ha sido devorado y los, así llamados, individuos reducidos a quincalla barata ofrecida en mercadillos de barrio. Y como está solo, se aburre e intenta llamar la atención de los habitantes del pasado: “¡Eh! ¡Aquí! ¡Venid!” Michel Houellebecq es el ontólogo de la posibilidad obligado a volver sobre sus pasos para indicar, de nuevo, cuál es el camino ¿correcto? En todo caso un camino intransitado que no elude la perdición ni el extravío.

9 sept. 2011

Los reconocimientos

En su momento la crítica estadounidense dijo de ella que era ambiciosa, erudita, larga (1.095 páginas en la edición de Alfaguara) y negativa… Utilizaron para ello convenciones aguadas y frases tópicas y, de alguna manera, mandaron a la mierda a Gaddis. Que se lo pensó dos veces, durante veinte años, para pasar página, tirar de la cadena y, entonces, triunfar a lo grande. A partir de ahí lo que fuera considerado un soberbio coñazo fermentó hasta el punto de que los sabios de la revista Time acabaron considerándola una de las mejores cien novelas escritas en inglés durante el período 1923-2005. Eso es posteridad y lo demás futurología experimental.

8 sept. 2011

El plantador de tabaco

A Pilar y Edda,
tanto si son como no la misma.
Y a O., él sabe.

John Barth nace en Maryland en 1930, y con sólo veintiséis años publica La ópera flotante, que fue nominada al National Book Award. Dos años después termina de escribir El fin del camino, y en 1960, ya con la friolera de treinta añazos, da a la imprenta El plantador de tabaco, la más importante de las pocas novelas suyas traducidas al castellano. Barth forma parte de un cuarteto de escritores norteamericanos que han estado, con desigual fortuna, dándose guantazos entre ellos desde finales de la década de los cincuenta. Nombres y otros rumores a lo largo del texto.

7 sept. 2011

Pasquier

Entre asunto y asunto, he buscado el establecimiento de un francés afincado en España que trabaja como pastelero. Me ha costado cierto esfuerzo porque como datos sólo tenía el nombre de la calle y que en ella había una pastelería “donde venden los mejores croissants franceses de toda Europa”.

6 sept. 2011

Esperanto

Ésta es la última que me faltaba de Rodrigo Fresán, a cuya literatura me hice adicto en 2003, a raíz de la lectura de Jardines de Kensington. Dos años después, en un periódico local, escribí esto: “Mantra es difícil de localizar”, aunque yo ya la había leído tras encontrarla en una librería de viejo, un ejemplar en cuyo interior el antiguo propietario olvidó una postal de Acapulco. El resto lo fui adquiriendo conforme se presentaba, cabeceando no pocas veces cuando en los anaqueles de una librería de Freixas se pasaba a Fuentes, sin la debida pausa.

5 sept. 2011

Material

Para empezar, no es raro que alguien que se declara lector (de literatura) en los tiempos que corren guarde en su agenda más nombres que un jefe de compras de Carrefour. Porque en los tiempos que corren no caben las medias tintas: o se lee literatura o no se lee; y en este segundo conjunto caben las divisiones que se quiera: lectores de cualquier cosa, lectores a tiempo parcial, lectores subempleados, lectores ocasionales, lectores subdesarrollados, infralectores,

24 ago. 2011

Made by Culture

No hace mucho confesé a un amigo sentirme avergonzado por dedicar parte de mi tiempo libre a escribir sobre los libros de otros y ni un minuto a considerar, “en abierto”, los comúnmente llamados “problemas humanos” o sociales de los que, cada vez más, la oferta supera ampliamente a la demanda. Se lo dije hace tres meses, aunque hasta la fecha he seguido generando sólo palabras sobre palabras, en apariencia ajeno a la tormenta de mierda en que nos hemos acostumbrado a respirar.

8 ago. 2011

Viaje a la Pesca de la Trucha en España

Mañana cogemos nuestros aparejos, la mosca y las cañas y nos vamos a conocer a la Pesca de la Trucha en España. Aun cuando ha sido la propia Pesca de la Trucha en España quien me ha dicho que de Literatura no tiene ni idea. Pero yo sé que miente, pues en un mail de hace menos de una luna, creí reconocer las trazas plateadas y azules iridiscentes (¿se dice así?) de un ejemplar digno de la mejor Literatura.

5 ago. 2011

Mil violines

En 1980 no había Internet y las novedades llegaban a los pueblos antes que a los pisos de las ciudades. La mayor seguridad circulatoria que se disfrutaba en los primeros proporcionaba fluidez al intercambio de información, que en los barrios citadinos quedaba restringida a los chismes cacareados en las tienduchas de comestibles. Entre torres de cemento, para enterarte de “la vida” tenías que ser drogadicto o delincuente o ambas cosas, y estar siempre tirado en la calle.

4 ago. 2011

Un momento de descanso

Conocí a otro de nuestros mejores novelistas hace un par de meses, con motivo de la presentación de su última novela en Málaga. Fui con Juan Francisco Ferré, uno de nuestros mejores novelistas y amigo personal de Antonio Orejudo, el presentado. El presentador fue Pablo Aranda, también novelista aunque en dique seco (Pablo y yo nos hicimos amigos después, en la cena, bebiendo y comiendo y confesándonos lo mucho que aún nos queda por leer y la burrada de libros que, cada uno por su lado, hemos leído ya).

2 ago. 2011

Sobredosis

Llevo más de tres semanas sin escribir ni aquí ni en ningún otro sitio. El motivo es el ya avisado, he estado fuera, pero también ha influido la aparición de una cierta clase de hartazgo no tan grave, creo, como para que deba consultarlo con un urólogo. Con todo, en este tiempo he leído, según se mire o valore, mucho, más tranquilo que en otras ocasiones en las que también estuve viajando. Y la selección ha sido, en general, tan buena que por momentos me entraban ganas de agenciarme un PC y una conexión para tan sólo decir, bien alto y claro, tras el título, “¡Eh, vosotros! ¡No os perdáis este libro! ¡Es una maravilla!”

9 jul. 2011

¡Vamos a morir todos!

Hace un par de meses volví a París y, una vez allí, el deambular me llevó hasta el cementerio de Montparnasse. Pensaba yo que no bastaba con que leyera literatura y escribiera sobre ella sino que también, para sumergirme un poco más en esta locura escasamente colectiva, debería posar en una o dos actitudes literarias de las comúnmente aceptadas, al menos en lo que a signos externos se refiere. Fui también al cementerio de Montparnasse porque antes no había ido a los de Roma, Aix-en-Provence, Londres, Múnich, Berlín, Viena, etcétera, donde, popular y turísticamente, consta que hay tantos hombres de letras enterrados, esperando visitas y fotos. Y además porque había leído aquel texto de William T. Vollmann, incluido en la famosa antología, sobre millones de muertos en el subsuelo de París.

30 jun. 2011

Gran Literatura

“En literatura una década es toda una época”, me dice un amigo escritor. El comentario, inserto en una larguísima conversación llena de meandros, apeaderos, carreteras secundarias y una o dos vías principales, resume dolorosamente el más que probable futuro de lo escrito en estos días: una trituradora llamada olvido. Porque cuando escribimos sobre obras publicadas antes de una fecha cada vez más cercana al ahora rabioso, lo que hacemos es disertar sobre un cadáver del que nuestro texto sólo puede aspirar a ser último epitafio.

22 jun. 2011

Los sinsabores del verdadero policía

Porque de alguna manera se lo prometí al propio autor hace unos días, me propongo disertar en corto sobre esta nueva novela póstuma de Roberto Bolaño. El problema (porque lo hay) es que la leí sin en ningún momento pensar que algún día tendría que escribir sobre ella. Es decir, la leí por el puro placer de leerla y sin tratarla como material sobre el cual discurrir/producir. Escribiendo sobre ella, en cierto modo me siento como si lo hiciera sobre un suceso que hubiera visto en la calle y que me hubiese llamado

16 jun. 2011

Una noche con Roberto Bolaño

Lo que sigue a continuación es una fiel reproducción escrita de los sucesos acaecidos en mi domicilio particular el día 12 junio de 2011 entre las 03:00 am y las 06:00 am, aproximadamente.

8 jun. 2011

El fin de nuestra tragedia

Es complicado abordar esto: novela (Nuestro trágico universo, Principal de los libros, 2010) que comienza con una cita de Baudrillard y cuyo centro gira alrededor de especulaciones sobre cómo escribir una historia sin historia, narración que repetidamente dispara vectores hacia el relato convencional pero que son cortados de raíz antes de que adquieran cierto cuerpo, delineando una fantástica red de probabilidades narrativas que semeja precisamente un conjunto de universos… trágicos.

7 jun. 2011

Reality fake

Quiero continuar reflexionando sobre la simulación, sobre la impostura como medio para alcanzar un objetivo, y sobre lo que sucede cuando el disfrazado acaba tan imbuido en su papel que pierde la noción original de realidad y asume la personalidad simulada hasta sus últimas consecuencias. Como recurso me serviré de una película de Roberto Rossellini sobre la que ayer departimos en una tertulia-acto con motivo de la *** edición de la Feria del Libro de Málaga.

2 jun. 2011

La verdad está ahí fuera

“La verdad está ahí fuera.”

X-Files

No, la crítica —entendida como interpretación de la obra y como su puesta en relación con los entornos y materiales de que ésta se apropia— no está ahí fuera, ni aquí tampoco. No, los lectores —interpretados como seres autónomos que leen, no buscando en la literatura nada más allá del goce intelectual y/o estético—

30 may. 2011

One hundred

Antes de colgar el post número 100 de este blog —aunque en realidad el cien ya se cumplió hace tiempo, sólo que a lo largo de este año he ido borrando aquello que me ha parecido, y todavía habré de seguir podando, por lo que seguro retornaré varias veces más a la cifra redonda—, voy a la presentación de una novela escrita por Alfredo Taján, director del Instituto Municipal del Libro de Málaga.

23 may. 2011

Ante los demás

Comienzo a escribir esto mientras miles de ciudadanos votan, protestan, mastican, sestean, toman el sol, medicamentos o café, estudian, ven la televisión, pasean al perro, nacen, mueren y hacen otras cosas igualmente (in/)dignas de mención. Ciudadanos de toda clase, similares unos a otros en funcionamiento fisiológico y poco más. Más allá de la piel comienzan las diferencias que merecen tal nombre. Simplificando: lo que tienes, lo que eres, de dónde vienes.

20 may. 2011

Prefacio a la Revolución


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Hace casi un año abrí este blog con el único objetivo de ir haciendo pública parte de mis notas personales de lectura. Llevaba tiempo sin publicar nada en ningún sitio que tuviera una circulación aceptable y una visibilidad decente; es decir, llevaba tiempo sin publicar nada. Provengo de un entorno profesional que nada tiene que ver con la literatura, pero en el que es relativamente fácil ocupar un hueco si tienes un adecuado bagaje literario.

13 may. 2011

Coetzee-Xtreme

Sé de buena tinta que la concesión del Nobel de Literatura no genera muchas más ventas de las que ya tuviera el autor antes de recibir al motorista con la notificación. Si además el premio se otorga en uno de esos años reservados para el pago de deudas internacionales o interculturales, las editoriales lo tienen aún más crudo para rentabilizar el obligado gasto en reimpresiones. Probablemente la causa sea la acostumbrada: la literatura no vende porque no interesa.

10 may. 2011

Sin límites

¿Qué son los best-sellers? ¿Verdaderamente son los libros más vendidos? ¿O se trata de una fórmula novelesca en la que deben reconocerse, a priori, ciertos factores propiciatorios del éxito comercial? Pero el éxito, como todo el mundo sabe, es de ubicación caprichosa. ¿Entonces?

28 abr. 2011

La barrera del miedo

En su día leí esta novela de Isaac Rosa (El país del miedo, 2008, Seix Barral) esperando una evolución, o al menos una continuación, una especie de mantenimiento, de la deriva formal apreciable en El vano ayer y en la remasterización de La malamemoria. No fue así, y lo que acabé consumiendo, con bastante rapidez, fue un ensayo amenizado de ficción sobre el catálogo de miedos contemporáneos que asedian al ciudadano de clase media. Un ensayo en cierto modo psicológico; digo esto seguramente condicionado por haber leído que Rosa

25 abr. 2011

La critica definitiva al Yates de Lin


19 abr. 2011

Literatura bebible

Hace un par de meses, quizá menos, recibí un mail en el que se me invitaba a colaborar en una revista de crítica literaria de nueva creación. La lista de nombres de posibles colaboradores que incluía estaba llena de stars, algún/a superstar, un par de supernovas, una pandilla de gamberros estudiosos de la cosa literaria y el intruso necesario en toda lista así que era yo. Intuían o sabían los emisores de aquel mail algo de mí mismo que yo desconocía. Dudé un par de días que entretuve con el habitual cachondeo, a cuyo término decidí aceptar y así se lo comuniqué a los organizadores de la revista.

18 abr. 2011

Lectura Dublinesca


Pág. 15
los cinco elementos que consideraba imprescindibles en la novela del futuro […]: intertextualidad; conexiones con la alta poesía; conciencia de un paisaje moral en ruinas; ligera superioridad del estilo sobre la trama; la escritura vista como un reloj que avanza.

16 abr. 2011

Las niñas perdidas

“Me han dicho que usted mata.”
Las niñas perdidas, pág. 10.

¿Qué dice un violador
y pederasta
en medio de un desastre?
Las mujeres y los niños
primero.
Cosecha propia


14 abr. 2011

Tratando de Anatomía

En el vademécum literario Mímesis y simulacro, de Juan Francisco Ferré, se incluye un ensayo titulado Cero a la izquierda (pp. 209-227) en el que el autor analiza el discurso político en la narrativa española contemporánea, sirviéndose para ello de cuatro novelas dispares: Francomoribundia, de Juan Luis Cebrián; El vano ayer, de Isaac Rosa; El lado frío de la almohada, de Belén Gopegui; y Anatomía de un instante, de Javier Cercas. No he leído el texto de Cebrián y el de Gopegui, aun perteneciendo a una autora que respeto, me pareció excesivamente diáfano

12 abr. 2011

Literatura de Barrio

La literatura es una mierda
Roberto Bolaño

Cuando el sábado escribí Dictadura y Literatura (texto) omití adrede la imposición que ejerce cierto amplio sector de la cosa literaria en, me atrevo a afirmar, el mundo entero y no solamente en este país. Me refiero a las Instituciones a ellas les gusta verse escritas empezando con mayúscula...—. El asunto da para varias páginas e incluso para, en manos de algún avezado imitador de Vila-Matas que no soy yo, toda una teoría completa.

9 abr. 2011

Escribir que escribe quien es escrito por quien a su vez lo fue y casi lo borran

Os voy a contar algo pero tenéis que prometerme que no se lo diréis a nadie, ¿de acuerdo? Se trata de lo siguiente: desde hace pocos años, quizá tres o puede que cuatro, no me acuerdo, vengo leyendo a Flann O'Brien. Primero compré un par de novelas suyas, La boca pobre y La vida dura, en una tienda de libros de segunda mano; ediciones ambas del Círculo de Lectores si no recuerdo mal aunque mi memoria está hecha un asco. Quedé subyugado o fascinado o algún otro participio florido y ñoño que

8 abr. 2011

Dictadura y Literatura

Al igual que la belleza perfecta, que no existe, y que la maldad absoluta, que aún está por verse y sufrirse, la democracia total es una quimera: cualquier orden vital que se presuma democrático no es sino la suma de pequeñas y grandes dictaduras, de mayores y menores absolutismos, de imposiciones de hecho y por derecho. La literatura, al fin y al cabo creación humana y por ello imperfecta, no es ajena a la política, cabiendo distinguir en ella (en su interior como en sus aledaños, en sus actores como en sus observadores) un reflejo exacto de los modos de comportamiento

1 abr. 2011

BerryLeaks

El pasado domingo a las 21:30 escribí en mi muro de facebook: “Desde hace unos días recibo mails enviados en marzo de 2009, todos ellos referentes a una reunión virtual que debió tener lugar en esa fecha y que finalmente no se celebró. No he contestado ninguno porque me inquieta de cuándo podría recibir una posible respuesta”. Comoquiera que estas dos frases generaron, sin pretenderlo, cierta actividad discursiva y un moderado número de clics, voy a ampliar la información para quien pudiera interesarle.

30 mar. 2011

Constatación brutal del pasado

Con este título tan cargado de (buenas) intenciones quiero hablar de la penúltima novela corta de Philip Roth, Indignación, publicada en 2009 por Mondadori y estupenda como todo o casi todo lo escrito por Roth.

Situémonos. Verano de 1950, Estados Unidos inmersa en la guerra de Corea. Un muchacho judío de, otra vez, Newark acaba de terminar el período de instituto. El padre del muchacho es carnicero kosher y el muchacho le ayuda en la tienda. Se trata de un joven estudioso, trabajador,

28 mar. 2011

Mímesis y simulacro

Tyrone Slothrop es el (uno de los) protagonista(s) de la novela de Thomas Pynchon El arco iris de gravedad. Slothrop, militar norteamericano que trabaja para la inteligencia aliada en Londres durante la Segunda Guerra Mundial, experimenta una erección cada vez que una V-2 alemana se cierne sobre la castigada capital británica(1). De niño fue sometido a experimentos pavlovianos, condicionándose cierta respuesta de sus partes blandas, pudendas, gónadas, pene a la cercanía del Imipolex G, plástico usado en el aislamiento interno de cohetes.

23 mar. 2011

Mind the gap

Recuerdo la negativa de Javier Marías a comprar o usar un teléfono móvil o un ordenador y cómo se jactaba de ello. Recuerdo cómo se comunicaba con la administradora de su web de fans mediante faxes en los que, tal y como hubiera hecho de disponer de una tonta ventana de chat, manifestaba tener sueño, pues era tarde. Sin embargo tenía reproductor de dvd, para hartarse de ver películas, algo que le encantaba.

21 mar. 2011

Cuentos rusos

Hoy, explorar una mesa de Novedades es como asistir a un mitín político en plena campaña electoral: las mentiras, más o menos ordenadas por criterios tan espurios como la geografía, el género o la lengua original de la escritura, exhiben sus atributos estéticos por medio de una pornografía de mensajes pretendientes de una atención que conocen de antemano esquizofrénica, precisamente a causa de, entre otros,

11 mar. 2011

Facebook va a cambiar la literatura

Artículo originalmente publicado en Hermano Cerdo. Edición y correcciones a cargo de René López Villamar.

Cómo han cambiado las cosas. Hasta hace poco la creación literaria era un proceso compuesto por una serie de pasos consecutivos dentro de un entorno cerrado que constaba de dos figuras principales: autor y editor. Se sabía de una obra cuando el trabajo estaba finalizado y fuera de imprenta.

9 mar. 2011

Entrevista a Thomas Pynchon

Hace meses envié una petición a Vintage Books, la firma de Random House encargada de publicar los libros de Pynchon, en la que solicitaba una entrevista vía mail con nuestro autor preferido. Pensé que quizá con amabilidad y siendo yo un don nadie, conseguiría llamar la atención de los editores y, con ello, llegar hasta el mejor escritor vivo. Tenía la vaga intención de sonsacarle el secreto de su escritura, más bien de su capacidad y paciencia.

8 mar. 2011

Óscar Gual en "El juego de tu vida"

A nosotros, mortales lectores, nos va el rollo voyeur. Queremos saber más sobre quienes escriben para entretenernos. Somos conscientes de nuestro papel pasivo, pero nos importa poco. Con todo, sólo por una vez, queremos joder en lugar de ser jodidos.
Para ello necesitamos a un escritor candidato. Que escriba bien y cuyos libros sean obras maestras. Estas dos premisas excluyen a los jóvenes. No importa si se trata de un cabrón,

6 mar. 2011

La fuerza de la gravedad

Ahora que Francesc Serés publica nuevo libro —alabada sea Mondadori—, es lícito hablar de su antepenúltimo trabajo, La fuerza de la gravedad. Como Materia prima, el penúltimo, se trata de un libro de relatos. Si en éste la materia prima la constituían esos nadies que tanto nos gustan y el enfoque y estilo eran netamente periodísticos, en La fuerza de la gravedad la temática es similar aunque más amplia,

2 mar. 2011

Darse de baja

Hubo una época muy extensa, muy larga, en la que compraba libros. Gastaba un dinero considerable en todo tipo de librerías, industriales y anónimas, con encanto o sin él, en libros viejos y nuevos. Casi todo lo que compraba y leía era literatura, nada de best-sellers, sí algo de economía y empresas. No sé cuántos libros tengo, si los contara obtendría una cifra indecente. No me preocupa el espacio para guardarlos, mi casa es enorme y todavía cabrían tres o cuatro miles más. En cierto sentido

27 feb. 2011

Muerte de un blogger

El jueves pasado, por la tarde, al ir a modificar alguna tontería del diseño del blog, me encontré con que la edición en HTML no funcionaba. Puse en práctica, sin éxito, las consabidas estrategias: limpiar un par de registros, apagar y encender el portátil, cambiar de navegador. Entonces envié una especie de amable queja a Blogger. Durante las horas siguientes, los mensajes se multiplicaron, mostrando que el problema era generalizado.

24 feb. 2011

El póquer del mentiroso

¿Tiene sentido marcharse de una empresa cuando estás ganando montones de dinero? ¿Cuando, además, el país, el mundo está sumido en una de las mayores crisis económicas de las últimas décadas? ¿Se trata de una estrategia de jugador de póquer? ¿Sabes algo que los demás desconocen? Michael Lewis, autor de El póquer del mentiroso, editado por Alienta (Grupo Planeta), hizo lo primero, desvincularse por decisión propia de quienes le pagaban un salario desproporcionado;

22 feb. 2011

El efecto facebook

Quien se haya percatado del cambio tipográfico en los periódicos del Grupo Correo que levante el ratón. Sí, efectivamente, su fuente principal es ahora la de facebook. Pensarán que así les haremos más caso, que compraremos sus publicaciones, que al menos leeremos sus titulares por encima para de esta forma demostrar a sus anunciantes que siguen vivos. Dentro de poco también los libros se maquetarán con ese tipo de letra. Por ahora los títulos se anuncian incesantemente en los muros de autores y editoriales, y el de community manager en facebook —mucho menos en Twitter, por más que se empeñen— es, por muchas razones, el puesto de trabajo estrella del futuro inmediato.

20 feb. 2011

No me gusta el negocio editorial (y dos libros)

Voy a contaros por qué no me gusta el negocio editorial aunque asumo que el papel del editor es casi indispensable. No me gusta porque hace de la literatura, que es arte, un negocio. Ya escucho voces: “¿Y qué hay de malo? Tenemos que comer”. Ya, pero el problema es que, en el 99% de las ocasiones, el entramado editorial hace de la literatura un mal negocio, sobre todo para los autores. Por contra, veo al editor como al ineludible coach de todo escritor, sea veterano o no. Como de su mano no ha salido el manuscrito, puede permitirse el lujo de ser crítico con él, siquiera al modo en que se es crítico con los actos de un hijo, con la ventaja de que el autor no es, en condiciones normales, hijo del editor, lo que facilita respuestas tales como: “No”. También es posible decir (imponer) “¿Y si modificaras esto o lo otro?”. En esas dos contestaciones tipo es donde veo la necesidad de editor. Uno que le escupa al otro un no rotundo a tiempo, o le proponga, en los casos en que sea factible (quiero decir que tengan remedio posible), los tijeretazos o subsanaciones que su talento y experiencia le dicten.

17 feb. 2011

Gigolá

Todo turista que se precie habrá comido alguna vez fish and chips en el Mermaid Tail de Leicester Square. Ese mismo turista, seguramente acompañado, habrá pedido alguna variedad de pescado y otra de cerveza. Si es español, habrá llegado incluso más tarde de lo que lo hubiera hecho en España. Se habrá quejado de varios detalles sin importancia, se habrá bebido la primera jarra de cerveza antes de que le traigan el plato y, entretanto, habrá mirado por los ventanales. Pero también habrá mirado hacia el interior. En una ocasión vi a una pareja madura: ella, como dijera Vila-Matas, con un horroroso pelo de estropajo; él, casi calvo; ambos pobremente vestidos. Londres es cruel, París también. Al año siguiente vi otra pareja, esta vez femenina. Tomaban té en lugar de cerveza. Una era

14 feb. 2011

The elusive Wow Factor

Llevar a cabo los diversos proyectos que me propuse hace algunas semanas me está costando más esfuerzo del que, ingenuamente, creí. A sus dificultades intrínsecas se le unió un repunte de actividad profesional que tiende a alejarme de la literatura y su campo de batalla, por lo que las horas y los días se volatilizan sin avances significativos que poder mostrar aquí. Lo que no quiere decir que no los haya. Respecto del anunciado en primer lugar, claramente contrario a las directrices de la Ley Sinde, una muestra de cómo hasta las cosas más reacias al cambio son doblegadas por nuestra voluntad es el rediseño estético y funcional de este blog, en el que he invertido una indecente cantidad de tiempo y esfuerzo, sin estar aún finalizado. Tampoco está varado el proyecto de difusión de una colección de estrategias para sobrevivir literariamente en el mundo digital, sino que este empeño avanza con lentitud sorteando los múltiples obstáculos que encuentra en su camino hacia la luz. Me consuela pensar que tal carrera acabará formando parte del texto, enriqueciéndolo.

18 ene. 2011

Tips & Tricks, próximamente

Dentro de poco publicaré algo que comienza así:

Aparte de divertirme y entretener a unos cuantos de vosotros, el propósito de este Panfleto es difuso. Quiero decir que no me lo he planteado con las debidas seriedad y rigor, sino que una tarde me senté a escribir y días después, al terminar y eliminar algunas faltas ―no todas, para no quitarle completamente la gracia―, me he dado cuenta de que el resultado me gusta por lo que tiene de incorrección y, sobre todo, por su estructura de pastiche y su lenguaje panfletario. Quiera el Destino que a alguien le sirva alguna de las teorías que aquí expongo de manera poco o nada ortodoxa.

13 ene. 2011

Test

Ayúdame a mejorar este blog respondiendo a un sencillo cuestionario.

¿Eres funcionario y dispones de una tonelada de horas libres? ¿No eres funcionario pero tampoco sabes qué hacer con tu vida? ¿Te gusta tu vida? ¿Fumas? ¿Bebes? (La siguiente pregunta ya la conoces, por lo que me la ahorro.) ¿Tienes alguna estrategia para evitar el aburrimiento, la desidia, la soledad, la tristeza, el suicidio? ¿Conoces el célebre adagio: «Preparados, fuego, apunten»? ¿Lees? ¿Escribes? ¿Te gustaría dejar huella? ¿Consumes libros de autoayuda? ¿Cuántas películas descargas al mes?: Más de veinte, Entre veinte y cien, Ninguna, Ninguna de las anteriores. ¿Te gusta conducir? ¿Lees blogs? ¿Sigues blogs? ¿Comentas blogs? ¿Tienes un blog? ¿Varios blogs? ¿Has comprado alguna vez una Moleskine? En caso afirmativo, ¿has llegado a escribir algo en ella? En caso negativo, ¿por qué no compras una Moleskine?, son chulas. ¿Acaso te dan grima las Moleskines? ¿Has pensado en dedicarte a escribir aforismos? ¿Te gustan los Monty Python?

12 ene. 2011

Post-Idea, inc.

[Aviso: este post está clasificado X. En él se dicen cosas que pueden herir la sensibilidad de algunos lectores y los bolsillos de editoriales acomodadas.]

Este texto es una evolución de un comentario que hice a un artículo de Vicente Luis Mora, y antes de seguir adelante, considero imprescindible que visionéis este vídeo de más abajo (y también que leáis a Vicente).
Lo conocí gracias a Carlos González, que me envío un link que hacía referencia a él. El vídeo lo ha producido IDEO, una consultora internacional de diseño e innovación. Su web es más que explícita y visitándola sobran las presentaciones. Ignoro el grado de desarrollo de la interface mostrada —si se trata de un fake con meros motivos estratégicos—, y si alguien se ha planteado en serio su construcción. Pero no me cabe duda de que el futuro de la lectura será ése o similar.

11 ene. 2011

Los señores de las finanzas


[Aviso importante: en este post hay muchos adjetivos.]

Antes de que empecemos a soltar recetas, como decía un mentor que tuve, hagamos algo de historia.

La razón de que haya terminado desperdiciando con la literatura más tiempo que con cualquier otro hobby o distracción obedece a cuatro factores sencillos de explicar y analizar. Uno, en casa de mis padres había muchos libros. Dos, frente a la casa de mis padres había una biblioteca. Tres, mi tío tenía una librería. Cuatro, con veintipocos años me independicé de esas influencias ambientales y me dediqué a viajar con el objetivo de ganar dinero. Evidentemente, esta última fue la razón definitiva de que acabara leyendo en lugar de pintar (se me daba bien) o armar un razonable ruido con la guitarra eléctrica (no se me daba mal). Soy economista, y literatura y economía son aficiones indisolublemente unidas. La segunda no se manifiesta por escrito sin los medios de la primera. Y la primera no puede subsistir sin los principios emanados por la segunda. La economía es mi esposa, y la literatura mi amante. Leo porque mi economía me lo permite: ninguna de las dos son parejas celosas. Sin embargo un exceso de amor por la literatura que deje a la economía en segundo plano es algo inaceptable por ésta: realidad y ficción conviven armoniosamente en tanto que aquélla predomina sobre ésta; cuando el equilibrio se rompe, se produce un crac cuyas consecuencias van mucho más allá de la mera pérdida del favor de la economía.

Por eso intento mantener los pies en el suelo con varios trucos que quiero ir compartiendo con vosotros, enfermillos de literatura. El más bonito de todos ellos consiste en intercalar entre el, así llamado, hardcore literario libros cuya temática no tenga nada que ver con la mentira. Funciona como cuando abres la ventana tras haber fumado durante horas. En ese momento miras el cenicero y piensas quién diablos se habrá tragado toda esa basura. Así, recuerdo un título salvífico que leí durante un par de noches lluviosas en un hotel de Santander, hace catorce años. Era El dinero, de John Kenneth Galbraith. Antes de que ardiera el Windsor, compraba periódicamente libros de empresa en su planta baja. A lo largo de los años, la descortesía de diversos aeropuertos y aerolíneas me deparó lecturas sobre sistemas productivos, marketing, economía nacional, publicidad y sistemas financieros. En 2009 pasé buenos ratos de lectura en un 100 montaditos del barrio de Nervión, en Sevilla, leyendo jQuery in Action, de Bear Bibeault y Yehuda Katz, probablemente el mejor escrito de todos los libros que leí ese año. Uno de los que más he releído ha sido La Meta, de Eliyahu M. Goldratt y Jeff Cox, con permiso de En busca de la excelencia —y derivados— de Thomas Peters y Robert Waterman. Afortunadamente son muchos. Viajar me ha liberado con frecuencia de la tiranía de la cotidianidad, y he podido utilizar los tiempos muertos de una manera más provechosa: descubrí a William Gass en el tren que une Valencia y Castellón; mi primer Foster Wallace sucedió a tres grados bajo cero en Guadalajara; leía a Bolaño en Platja d'Aro, sin saber que el monstruo vivía a escasos kilómetros de allí. La nochevieja de 2009 me sorprendió leyendo los Cuentos completos de Nabokov en un piso del Centre Point House, en Londres, y en esta de hace un par de semanas me lo pasé en grande con la lectura de Los señores de las finanzas, de Liaquat Ahamed. Procuro, pues, un equilibrio razonable en pos de una, para mí, necesaria salud cultural.

Este último libro es, además, el mejor punto de partida histórico para comprender los fundamentos de por qué estamos como estamos. Me refiero a lo económicamente jodidos que estamos a nivel global. Desde que la crisis se dejó sentir con todas sus letras, se han reproducido las explicaciones neófitas sobre sus posibles causas. Hay personajes televisivos que han ganado mucho dinero haciendo didáctica de mesa camilla con las explicaciones sobre la crisis. Y todavía no lo hemos visto todo. Como decía Super Ratón, no se vayan todavía, aún hay más. Pero no son éstos lugar ni contexto adecuados para hacer vaticinios de este tipo, además de que cualquier previsión suele quedarse corta. Dado que nos afecta directamente, moderamos las dosis de pesimismo en nuestros pronunciamientos públicos —no digamos ya en los privados, ese conjunto de ilusiones sin fundamento—. Aunque no debe ser tan malo cuando el autoengaño, como placebo, lo practican hasta quienes tienen la osadía de dirigirnos —esa gentecilla— sin tener la más remota idea de por dónde les vendrá la próxima.

Curiosamente, todo esto ya había pasado antes, tras la Primera Guerra Mundial. Y quienes se esfuerzan en buscar diferencias entre situaciones no saben de qué están hablando. Es como si un cardiólogo dijera que un infartado es distinto a otro en tanto que ambos han recibido su premio por vía de excesos diferentes: exceso de estrés, exceso de alimentación descompensada, exceso de sedentarismo, exceso de drogas legales o ilegales. En todos los casos estaremos hablando de un exceso de algo o de un cóctel de éstos. Lo importante es el resultado, no la combinación exacta en la dosis de excesos. Se es alcohólico por beber alcohol en exceso, da igual si Smirnoff o Ballantine's; o fumador si se fuma sin control, sin importar si las cajetillas son de Marlboro o de Camel. Llegados a un determinado punto, lo de menos es la marca que te ha llevado hasta allí. Lo relevante es asumir que se te ha ido la mano o, en el caso de la economía, que has sido tan imbécil como para no prever que tus actos acabarían por hacerte todo ese daño que han terminado por hacerte.

Tras la Gran Guerra, los conocimientos sobre el funcionamiento de la economía no estaban tan desarrollados como, en apariencia, lo están hoy día. No había bancos centrales públicos per se, estando éstos en manos privadas. Las grandes economías basaban la emisión de dinero en la posesión de oro, y era su cantidad bruta la que dictaba la capacidad de un país para poner más o menos dinero en circulación. Algo absurdo, teniendo en cuenta que el oro, como mineral que es, se obtiene del subsuelo. Hacer depender una economía de esto es casi lo mismo que moverla al son de unas maracas. Sin embargo, las cosas estaban así, y a las naciones, incluida la perdedora Alemania, se les iba el alma por regresar, tras la guerra, a tipos de cambio entre monedas basados en el patrón oro.

A cuatro hombres se les achaca esta obsesión: los entonces gobernadores de los bancos de Inglaterra, Alemania, Francia y la Fed de Nueva York. En el libro, Premio Pulitzer 2010, Liaquat Ahamed hace una cuidadosa exposición histórica de las causas y devenires que facilitaron tal sucesión de turbulencias y desastres. La perspectiva con que está escrito es básicamente monetaria, con las necesarias trazas de economía real. Y en contra de lo que pudiera parecer, en el desarrollo de los acontecimientos en los variados escenarios mundiales, el suspense —aun conociendo de antemano cuál será el desenlace— es máximo. Un thriller, pues, de finanzas globales ambientado en un par de décadas que cambiaron el mundo hasta entonces conocido. Emoción con la ventaja de que todo lo que se narra entre sus páginas es verídico. Como suele decirse, la realidad supera (superó) a la ficción.

He disfrutado mucho con este libro por varias razones. Una, la expuesta sobre la necesaria, para mí, cura de ficción. Otra, la forma en que el libro ha sido escrito —y traducido—, que lo ha hecho merecedor de un premio tan prestigioso como el Pulitzer. Y, sobre todo ello, la oportunidad de revitalizar nociones y conocimientos que estaban ahí desde hace dos décadas, y cuya vigencia es absoluta e indudable. No hay posibilidad de queja en tanto no se comprenda el esquema de fuerzas que lleva a una sociedad al borde del abismo. La ignorancia es prima hermana de la permisividad. Y los acontecimientos que estamos viviendo desde finales de 2008 han sido provocados por una conjunción de fuerzas terroríficamente similar a la que causó los sucesivos cracs económicos del primer tercio del siglo veinte. Ignorancia, irresponsabilidad, desregulación, conservadurismo, arrogancia, miedo, egoísmo, especulación, abandono, enriquecimiento injusto: idénticos factores ochenta años después, aunque en un entorno ambiental diferente y con una composición mucho más perniciosa; ya se sabe que los virus mutan, de ahí la ineficacia de determinadas vacunas. Y de todas estas características, me reservo para el final la que creo más importante: la estupidez. Estupidez por querer mantener en los años veinte sistemas antediluvianos que favorecían y premiaban el desequilibrio, y estupidez en los noughties (los años cero del presente siglo) por no saber valorar a tiempo las consecuencias negativas de tales desequilibrios. Estupidez en la post belle epoque por facilitar las condiciones de la absurda pujanza de unos (EEUU) y el hundimiento de otros (Reino Unido, Alemania), y estupidez ahora por allanar el camino de una falsa prosperidad generalizada: la creación de un espejismo de posibilidades sin base real de esfuerzo, aptitud y capacidad en la mayoría de los casos. Resulta increíble que, tras el primer apagón económico (la quiebra de Lehman Brothers y la cascada de pérdidas de confianza posterior), las primeras medidas que se tomaran en 2008 estuvieran fundamentadas en modelos keynesianos, cuya aplicación obtuvo, antes de la llegada de Hitler al poder, unos buenos aunque breves resultados en la Alemania de aquella época. Si tan claro parecía que las situaciones eran similares, ¿por qué no se tomaron medidas preventivas? La respuesta en párrafos aparte.

Los señores de las finanzas es una historia que pedía a gritos ser escrita. Por desgracia, la gente con títulos académicos idénticos al mío (excepto por el nombre del titulado) ha preferido dedicarse en masa a hacerles el juego a bancos y cajas de ahorro, desperdiciando algo de talento y muchas vidas en un trabajo realmente anodino. También los hay, a patadas, rellenando impresos o tecleando números en software de contabilidad. Si a todo este despropósito social le unimos la propensión humana a opinar y pontificar sin saber de qué se habla, no es de extrañar que la economía mundial haya acabado en manos de una incompetente panda de iluminados que sólo busca el bienestar propio, cosificando a esa otredad que son todos los demás. Desentrañar todas esas capas de estupidez es el objetivo real de obras así. Desposeerlas de juegos políticos populistas. Arrancarles las ramas de demagogia. Destilar la esencia del problema en unos cuantos porqués sencillos, dándole no obstante al desarrollo el tono y ambientación que la hace tan interesante y diferente de las crónicas miopes con que el periodismo inexperto acostumbra a confundir y aburrir a su audiencia. Y además ser valiente, subtitulando la obra con un contundente Los cuatro hombres que arruinaron el mundo.


¿A quiénes se les adjudicará tal subtítulo dentro de unos años, narrando la crisis actual? No a los indocumentados de Lehman Brothers; no a los desalmados difusores del invento subprime, ni a los atolondrados prestatarios ninja. Más bien, de nuevo, a osados gobernadores de bancos centrales, a políticos incompetentes y a consejeros ineptos. Estamos en manos de un puñado de imbéciles que conseguirán, parafraseando el subtítulo del libro de Ahamed, arruinar el mundo.

Un mundo, éste, de diferencias. Siempre lo ha sido y, bajo los paradigmas actuales comúnmente aceptados/tolerados, la tónica no cambiará, o lo hará a peor. Un personaje de Douglas Coupland decía que, en una distopía despojada de las comodidades a que estamos acostumbrados, le resultaría insoportable alzar la vista al cielo y ver pasar un avión en el que se adivinara algún rico personaje en su interior. Lo paradójico es que eso ya está sucediendo. Una gigantesca masa sin recursos —que, inquietantemente, no se percatan de su situación, de que no tienen recursos— se dedica a ver disfrutar a unos pocos en sus reactores privados. Cada vez que un capullo de ésos tira de la cadena, el resto se ahoga un poco más en su mierda. La tolerancia de los desposeídos es directamente proporcional a su ceguera, a su ignorancia, a su pancismo, a su falsa felicidad. Abrid los ojos y hagamos algo, pues, o será lo de hasta ahora: un sálvese quien pueda. Sugiero que empecéis por leer, de vez en cuando, este otro tipo de libros.

7 ene. 2011

David Ogilvy. El rey de Madison Avenue


«En 2007, Mad Men, una serie de televisión americana ambientada en los años 60 de Madison Avenue en una agencia de ficción llamada Sterling, Cooper [Draper & Pryce], cosechó un gran éxito con su retrato en cierto modo exagerado del tabaco, la bebida y el ambiente mujeriego de la época. Inspiró modas de diseño, escaparates en los grandes almacenes y una publicación ficticia del Advertising Age. Después, se exportó al Reino Unido, donde el canal cuatro de la BBC emitió un especial para aportar su perspectiva histórica: “David Ogilvy: un hombre de una originalidad enfermiza”. Él habría odiado el título, pero le habría encantado la atención», p. 285, David Ogilvy. El rey de Madison Avenue, Kenneth Roman, Gestión 2000, 2010.

Don Draper, protagonista masculino de dicha serie de televisión, se inspira en David Ogilvy, protagonista absoluto de esta biografía publicada por la editorial Gestión 2000 (Grupo Planeta). El autor trabajó junto a Ogilvy, en la agencia de publicidad Ogilvy & Mather, durante más de veintiséis años, y su libro es una muestra perfecta de cómo disciplinas tan alejadas de la literatura como el marketing y la publicidad están de hecho más cerca las unas de la otra de lo que se piensa. Tanto por su factura, la forma en que ha sido planeado y escrito, como por su fundamento: la figura y el genio, a partes iguales, de quien se dice inventó la publicidad tal y como la conocemos en nuestros días.

Don Draper vs. David Ogilvy

Ambos fumaban, pero Draper conseguirá dejarlo, haciendo de ello incluso un alegato escrito. Los dos tenían una apariencia espectacular y un encanto irresistible, pero Ogilvy supo sacarles un mejor provecho. Tanto a uno como al otro le gustaban en exceso las mujeres, pero Draper fue siempre mucho menos cuidadoso con las repercusiones de su atracción. Ambos trabajaron como publicitarios, pero Ogilvy lo era de verdad. Es decir, uno es pura invención —un producto del marketing, un destilado de los castings, y el otro no.

Después de haber visto la serie con cuya cita comienza este artículo, y de leer la vida y obra de David Ogilvy, no cabría preguntarse por qué se ha recurrido al personaje de Draper y no al de Ogilvy para construir la historia de la primera. Mientras que Draper es suma de estereotipos neoyorquinos de su época, molde de una masculinidad de manual —y por ello más atractivo por entrar sus hechos e imagen, paradójicamente, en la escala de lo factible—, el personaje de Ogilvy parece, por real, bastante más inverosímil que su reflejo en pantalla. Su vida fue de todo menos simple, no digamos ya si aburrida. En él se cumple aquello de

La realidad supera a la ficción

Fettes, Edimburgo
Cuarto de cinco hermanos, nació en 1911 en Surrey, 50 kilómetros al suroeste de Londres, pero siempre se definió a sí mismo como escocés por sus orígenes. Murió en 1999, tres décadas después de que el hombre pisara la Luna, en su château de Touffou, a 25 kilómetros de Poitiers. Su tercera esposa decía de él: “el más inglés de los americanos y el más americano de los ingleses”. De familia económicamente venida a menos e incluso pobre, estudió en Fettes, Edimburgo, en la escuela en que se inspiró el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería (donde tomó clases Harry Potter), y después en Oxford, donde se le recuerda como culo de mal asiento. Toda su vida fue asmático y una afección le dejó prácticamente sordo de un oído, lo que no le impidió adquirir una sólida formación literaria cuyo principal residuo, la escritura, facilitaría su posterior triunfo. Durante año y medio trabajó como cocinero en el Hotel Majestic de París, tras lo que fue vendedor de cocinas de carbón en el Reino Unido. De esta experiencia escribiría un manual de ventas que se hizo famoso por su concisión y acierto. Sin embargo, su base publicitaria la aprendió en Estados Unidos, adonde llegó como suele llegarse en estos casos —sí, lo habéis adivinado—: sin dinero. Hizo carrera en Gallup, una famosa empresa de encuestas, llegando a influenciar a la industria de Hollywood sobre cuáles películas debían producirse y cuáles no. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó en la British Security Coordination, en Nueva York y Washington, en un equipo donde fueron reclutados como espías, entre otros, Leslie Howard, David Niven, Cary Grant, Alexander Korda y Roald Dahl. Fue una especie de granjero en Lancaster, Pensilvania, entre la comunidad amish.
Knickerbocker Club, Madison Avenue
Con el novelista y abogado Louis Auchincloss mantuvo la siguiente conversación en la barra del Knickerbocker Club de Nueva York: Ogilvy, «Dígame, ¿existe en este país una sola norma o ley que diga que la publicidad tiene que ser aburrida?»; Auchincloss, «Le garanticé que no había ninguna, aunque le confesé que era una de nuestras más ancestrales y dignas tradiciones» (ser aburrido); Ogilvy, «Entonces, ¿podría cambiarse?» (p. 109). A partir de este momento, el trabajo de Ogilvy consistió en cambiar la forma de hacer publicidad en Estados Unidos —vale decir, la forma de hacer publicidad en el Mundo—, y procurar que ésta no fuera aburrida aunque sin perder de vista la máxima que mantuvo hasta su muerte: hacer publicidad que venda (To sell or not to sell, that is the question).

Para ello se desprendió de la granja de Lancaster y logró convencer a los socios de la empresa británica Mather & Crowther, en la que trabajaba su hermano Francis, a Bobby Evan, de la también británica S. H. Benson, y a Anderson F. Hewitt para crear Hewitt, Ogilvy, Benson & Mather, que más tarde derivaría en Ogilvy & Mather. Sus primeras oficinas se ubicaron, de más está decirlo, en Madison Avenue, Nueva York. Comenzaba así la leyenda de los Hombres de Madison o Mad Men.

Fuentes de inspiración

A quienes interactúen con la literatura, sea como consumidores o como parte más o menos activa —creativa o satelital— de la misma, la irrupción de un libro con esta temática en una sucesión de lecturas exclusivamente centrada, al menos en apariencia, en la ficción debe parecerles a primera vista una intromisión excéntrica o incluso una extravagancia. Podría también, más allá del eclecticismo de que sería justamente sospechoso quien esto escribe, ser muestra de cierto agotamiento temático y aun de cambio de tercio disciplinar. Pero si asumimos que encerrar la cultura dentro de cualesquiera límites supone práctica tan pacata como ni siquiera acercarse a ella, convendremos que, tal que en asuntos como la dieta, un adecuado equilibrio de conocimientos impide la esclerotización del pensamiento así como renueva sus fuentes de inspiración.


Por poner sólo un ejemplo “sanitario”, piénsese en la variopinta composición del llamado Círculo de Bloomsbury, en el que no faltaban, además de los famosos literatos y metaliteratos, economistas de la talla de John Maynard Keynes. Aunque siempre resulta curioso comprobar cómo los más enriquecidos personajes de la historia, anterior y actual, se jactan de no poseer formación alguna y aun de no haber leído un solo libro, lo cierto es que la economía real se ha servido siempre de individuos con una sólida educación y, lo que es más importante, un amor sincero por la literatura. Es el caso de David Ogilvy, quien valoraba el saber escribir como la mejor aptitud para dedicarse tanto a la publicidad como a cualquier otro negocio. No ponderaba tanto ser creativo —término que odiaba— como escribir bien. «Jock Elliot, amigo y sucesor de Ogilvy […] era admirado por […] su colección de 3.000 libros sobre la Navidad […] Ed Ney, antiguo presidente de Young & Rubicam, llamaba a Elliot “el poeta laureado del negocio de la publicidad”» (p. 284). Salman Rushdie fue redactor de Ogilvy & Mather en Londres, «creando Irresti-bubble y delecti-bubble, haciendo un juego de sonoridad y fusión de conceptos con la palabra bubble [burbuja]» (p. 215). Don DeLilllo —cuya novela Americana está imbuida del ambiente de trabajo en la agencia de publicidad— escribió, como redactor de Ogilvy, «anuncios contra la suciedad en las calles de Nueva York, anuncios para las imágenes de Sears […] y una serie de documentos internacionales acerca de escritores de renombre, bajo el titular: “Envíenme un hombre que lea”». Así también los escritores Indra Shina —quien tradujo al inglés Kamasutra, lecciones de amor, escribió las novelas The Death of Mr. Love y Cybergypsies e inventó el lema «cada vez que abres una lata salvas un poco tu vida»— y Peter Mayle —Un año en Provenza—, quien una vez entró en el despacho de Ogilvy y, tras sorprenderse al encontrarlo vacío, escuchó una voz «desde la otra punta del despacho: “Estoy en el excusado. Pase el texto por debajo de la puerta” […] Finalmente el texto apareció de nuevo por debajo de la puerta, lleno de marcas en lápiz rojo. “Póngase a ello ya” […] David había subrayado una frase de la que yo estaba especialmente satisfecho y había escrito: Bla bla. Belles lettres. Omitir» (p. 216).


Mucho más cercanos son los ejemplos de Luis Bassat, socio de Ogilvy en España, y autor de dos grandes obras cuya lectura es todo un placer, El libro rojo de la publicidad y El libro rojo de las marcas, además de prologuista de este del que ahora nos ocupamos; de Fernando Beltrán —practicante de la poesía de la experiencia y de la poesía social o entrometida—, quien además de ser famoso por su actividad poética se dedica a bautizar negocios —inventar marcas, actividad también denominada naming—, teniendo en su haber nombres como Amena y OpenCor; y de Santiago Rodríguez, auténtico crack del mundo de la publicidad y autor, entre otros, del magnífico libro Creatividad en marketing directo (Ediciones Deusto, 1997, pero reeditado una y otra vez), de cuya lectura no puede sino obtenerse la conclusión derivada de la gran formación literaria del autor y de lo que se pierde la literatura al no incluir obras así en sus diversos y egocéntricos cánones.

Y el camino funciona, naturalmente, a la inversa. Como dije en anteriores textos, en estos tiempos de agonía de los géneros y los formatos, la mejor forma de calificar una obra es indicar su calidad: buena o mala. Esta biografía de David Ogilvy pertenece, sin lugar a dudas, a la primera categoría.

No se vayan todavía, aún hay más

Hasta ahora he recomendado de forma expresa la lectura de la biografía de Ogilvy escrita por Kenneth Roman y, subrepticiamente, la de un par de libros de Luis Bassat y otro de Santiago Rodríguez. Con las enseñanzas vitales y empresariales del primero debería ser suficiente para sanear mentes culturalmente empobrecidas, desatorándolas del exceso de belles lettres y procurándoles además un tiempo de lectura con altas dosis de entretenimiento y de conocimientos fundamentales para entender parte del funcionamiento de nuestro entorno económico actual. Pero no quiero desaprovechar la ocasión para hacer referencia a un último título, mencionado éste en esa biografía: Confesiones de un publicitario (Ediciones Orbis, 1984). Este libro es también una joya producto del invento de Gutenberg. Aun teniendo en cuenta su relativa antigüedad (fue publicado por primera vez en 1963), la mayoría de sus postulados siguen totalmente vigentes. Se trataría, tomando prestada la base de una idea de Santiago Rodríguez relativa a la Coca-Cola, «de una última recomendación enlatada, pero con la conocida forma de una botella de cristal» (op. cit., p. 113).

En estos libros, todo escritor, todo lector, todo aspirante a escritor/lector, encontrará una mina inspirativa de primer nivel, tanto en los terrenos de la lectura y la escritura, como en el simplemente vital y social. Y sin obviar, lógicamente, el publicitario: un negocio que movió mundialmente el año pasado 409.000 millones de dólares en todos sus formatos (fuente: Don Draper's Revenge, Businessweek, 24/11/2010). Un negocio construido sobre la base de frases cortas, imágenes fijas y pequeños vídeos en el que los verdaderos límites los pone la imaginación, no la creatividad.

Las cosas de un genio


La biografía de Ogilvy está repleta de frases geniales que en bastantes ocasiones adquieren el rango de aforismos, e igualmente de situaciones memorables, como la mencionada con el abogado Auchincloss. Por ejemplo, al final del libro se incluyen una serie de extractos inéditos de notas, cartas y diverso material del propio Ogilvy. Ahí pueden encontrarse perlas como las siguientes:
  • A sus directores: «Piensen por un momento en lo útil que le habría sido a Moisés disponer de una casete grabada cuando bajó con las tablas del Sinaí».
  • Animando al pluriempleo: «Desde aquí estimulamos el pluriempleo, en especial entre nuestros redactores. / Dilata su experiencia. / Les otorga un mayor sentido de la responsabilidad. / Eleva sus ingresos sin coste alguno por nuestra parte».
  • A los directores creativos: «¿Son ustedes los mejores? [E incluye una lista de 37 preguntas relacionadas con la práctica de la creación de anuncios] 37. ¿Ha dejado de pegar a su mujer? Si su respuesta a todas estas preguntas es SÍ, es usted el mejor Director Creativo sobre la faz de la Tierra».
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