7 dic. 2011

Desierto financiero

Me resulta imposible escribir sobre literatura en estos momentos tan convulsos y llenos de incertidumbre económica y financiera. Sencillamente, no me sale. Ayer por la tarde dimos un paseo por el centro histórico/comercial de la ciudad, que estaba a reventar de gente a su vez paseando y haciendo, en esencia, nada salvo pasear y constatar la sorprendente cantidad de otros que hacían lo mismo. Las tiendas estaban cerradas, casi todas. Había los típicos mercadillos navideños y los bares rebosaban clientes. Con una imagen así es difícil pensar que esta misma semana sabremos si nos hundimos o no.

Si el resultado final de la loca deliberación en las alturas fuera que nos sumimos en el caos, las actitudes sumamente egoístas a que estamos acostumbrados nos parecerían meros cuentos infantiles frente a lo que comenzaríamos a ver a nuestro alrededor. Ya hace semanas que los muy ricos empezaron a abrir cuentas financieras en países fuertes y a transferir fondos para asegurar sus patrimonios. Creo que es necesario aclarar lo que se entiende por “muy ricos” y por qué comenzaron a abrir cuentas en “países fuertes”. Un tipo muy rico no es aquel que tiene mucho patrimonio inmobiliario; ese tipo lo que tiene es un problema financiero enorme, no riqueza económica en sí. Un tipo muy rico es aquel que está literalmente podrido de dinero, que en realidad no sabría decirte a cuánto asciende la cantidad de dinero en efectivo que posee. Si hay que poner una cifra absoluta, establezcámosla en 100 millones de euros, lo que en La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe denominaban una “unidad”. Todo lo que haya por debajo de esa unidad sería calderilla a los efectos de lo que se nos puede venir encima. Un tipo que “sólo” tenga, pongamos por caso, un millón de euros es, a tales efectos, tan desgraciado como el que únicamente “atesora” lo necesario para afrontar unas navidades mediocres a efectos de gasto lúdico más el pago de la hipoteca o el alquiler del mes en curso. Porque si lo que podría venírsenos encima termina por venírsenos encima aquel millón pasará de golpe a valer medio millón, y pocos meses después quizá sólo un tercio de millón, y así sucesivamente. Es decir, las fortunas “enanas” tenderán al mismo cero absoluto de los ahorros de la actual mayoría de españoles que compran los juguetes de sus niños en outlets fugaces de quita y pon.

Por eso los súper ricos convenientemente asesorados comenzaron a transferir dinero a Alemania y a Holanda a principios de noviembre como forma de asegurar su integridad financiera. Como forma de continuar hablando en términos, si no ya de euros, al menos de monedas fuertes con un aura financiera técnicamente indestructible. ¿Para qué? Imaginad que España es obligada a abandonar el euro, o que Alemania y sus satélites lo abandonan; en el primer caso estaríamos obligados a volver a una divisa propia (que tiene nombre popular desde hace tres años: “neopeseta”), y en el segundo a conformarnos con pertenecer a una eurozona mindundi en la que el euro ya no sería lo que fue sino, digamos, un cutreuro o término similar que sería rápidamente “acuñado” por los graciosos de turno. En ese momento, o poco después, los súper ricos que hubieran puesto a “buen recaudo” sus fortunas las verían automáticamente multiplicadas de manera inversamente proporcional a la devaluación que frente a las monedas fuertes experimentarían tanto las neopesetas como los cutreuros. Si entonces a los desgraciados la gasolina importada pasaría a costarles de golpe el doble que ahora, aquellos súper ricos, provistos de tarjetas de crédito denominadas en divisas fuertes, seguirían pagando los mismos precios de antaño, es decir, de ahora. Y si un súper rico decidiera jugar al monopoly con las entonces increíblemente desvalorizadas propiedades inmobiliarias españolas se encontraría con que, al pagarlas en su (la suya) moneda fuerte, estaría obteniendo descuentos gigantescos que oscilarían entre un 40% y un 60% de su valor actual (el de ahora, de antes de la debacle).

Lo que en realidad están haciendo esos súper ricos con DNI y pasaporte español es comprar un pasaporte financiero a modo de refugio. Están construyendo búnkeres económicos de un egoísmo atroz. Y este pronunciamiento es válido tanto para quienes abren cuentas como no residentes en el banco de los granjeros holandeses como para quienes compran pisos y apartamentos en el barrio londinense de Chelsea. El resultado es que grandes masas de dinero ganado en España gracias al esfuerzo de españoles desgraciados está volando desde aquí a causa de un miedo en esencia egoísta y estúpido, y la estúpidamente libre circulación de capitales no puede hacer nada para impedirlo.

Sin embargo nada de esto es totalmente nuevo. Cuando la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008, uno de los efectos colaterales, dentro de la larga cadena de efectos colaterales que sería largo y tedioso explicar aquí, fue una importante fuga de liquidez bancaria protagonizada por unimillonarios que liquidaron sus cuentas a cambio de dinero en metálico. Para entendernos: billetes, que escondieron en sus casas por miedo a que TODOS los bancos fueran quebrando en cadena. Luego vino una relativa calma a raíz de que los gobiernos inyectaran cantidades, por aquel entonces, astronómicas a fin de evitar ese temido TODOS. Pero los unimillonarios y mediomillonarios —no digamos ya los muchomillonarios y los decididamente súper ricos— le habían visto las orejas al lobo y pusieron en marcha ciertas “medidas” profilácticas. No era raro encontrar a gente madura que se marchaba una temporada al Reino Unido o a Holanda a trabajar como camareros como medio práctico para obtener una identificación del lugar con la que poder abrir una cuenta de residente en lugar de una de no residente. Porque aquí hay un detalle más que da la medida de los niveles de egoísmo a que el individuo post industrial ha llegado: las cuentas de no residentes no tienen remuneración sustancial, mientras que las de residentes permiten la inversión en productos financieros rentables del lugar (fondos, depósitos remunerados, etc.). Si querías que tu dinero puesto en el extranjero rindiera intereses, tenías que ser de allí, y para demostrarlo la mejor forma era estar trabajando allí de lo que fuera. Parte de la insoportable fuga de cerebros de los últimos años ha actuado como meros correos humanos de dinero español; en lugar de llevar bolas de cocaína en sus intestinos, portaban dinero de papá para ser ingresado en cuentas alemanas, suizas, británicas… La carrera profesional ha sido una excusa en muchos casos. Lo que de verdad importaba era salir/huir de aquí con los bolsillos llenos.

Todos estos campeones de la ambición han estado y están poniendo su granito de arena para convertir este país en el desierto económico que actualmente es. Tenían razón el actual presidente en funciones y el presidente electo cuando mencionaban continuamente el término “confianza” en contextos económicos. Sólo que de hecho se estaban dirigiendo a un sector de la población muy pequeño y muy egoísta, tan egoísta que su aislamiento les hace permanecer sordos a cualquier tipo de llamada de atención. A esos individuos, que son quienes realmente podrían poner el país a funcionar de nuevo creando empresas y puestos de trabajo, no les mueve más que su interés personal, pero a un nivel patológico. Tal falta de ética y de compromiso y de enfermedad deberían ser motivos suficientes para que, si la debacle se materializara finalmente, fueran deportados de un país al que en realidad no aman; ese país que un día puso los medios humanos y legales para que sus ahorros puedan ser hoy denominados fortunas debería expulsarlos y prohibirles la entrada hasta el fin de sus días.

Entenderéis que escribir sobre literatura sea tan difícil si no puedes dejar de ver todo esto alrededor.

5 comentarios:

JUAN ALMOHADA dijo...

Uno de mis temores más grandes es que el día de mañana mis críos quieran estudiar y yo no pueda permitírmelo, de ahí que desde que nacieron no haya dejado de reservar una parte del sueldo a este concepto. Durante estos últimos días, en vista de lo que se avecina, he tenido en mente muchas veces lo que tú acabas de explicar de modo cristalino, que lo que durante años hemos ahorrado no valga nada el día que ellos tengan que darles uso. Y la verdad es que acojona. Ojalá te equivoques, José Luis.

Un abrazo.

Volianihil dijo...

Eso es. En ese sentido se podría hablar de la cacareado término de patriotismo, no como un amor exacerbado y superficial a la bandera y tradiciones de un país, sino como un sentimiento de empatia, solidaridad y comunión con el resto de compatriotas. Ya, ya sé que es un término que no se estila y si se hace es para lo que he indicado primeramente, pero bueno. El problema como bien dices es el egoísmo. Egoísmo que tiene sus inicios en el propio inicio del proceso de enriquecimiento y cuya expresión final es la evasión, la deslocalización, la huída total o parcial de las personas o de sus riquezas. Porque esas riquezas, debemos verlo, tienen un sello y un origen bien definido: los productores -trabajadores- y el marco territorial -estado, CCAA, región, ciudad, pueblo. Esas riquezas están formadas por un porcentaje bastante alto de plusvalía, por varios de ayudas públicas (tanto directas como indirectas, tanto la financiación como la desgravación, tanto la subvención de parques industriales como...), por el esfuerzo y el apoyo de los muchos, por la existencia de una infraestructura que ayudase a vender, comprar, comercializar, implantar su producto, etc. En fin, me dejo muchas cuestiones, pero esas riquezas tienen varios orígenes pero casi todos se han sustentado en las facilidades que le han dado un lugar/unas gentes (o varios lugares y muchas más gentes). Es deprimente, pero esta gente siempre ha actuado así. El dinero -cuando sobra- no tiene patria. Cuando falta sí, cuando falta todos exigen medidas de apoyo, de protección, etc. Cuando sobra adiós muy buenas. Parásitos.

José Luis Amores dijo...

Pero creo que ese dinero está bien ahorrado, en cualquier caso. Otra cosa es que no alcance para estudiar fuera, si es a eso a lo que te refieres.

Veamos, la cosa es grave pero no implica que, caso de confirmarse los terribles augurios, esto fuera a convertirse en Somalia. Estaríamos fuera del euro, a merced de una balanza de pagos insoportable que obligaría a radicalmente dejar de importar chorradas: iPads, iPhones, software gringo, alimentos fuera de temporada, ropa de "marca", artículos de lujo popular, etc. Por contra, escucha lo que te digo: AQUÍ SOBRARÍA EL TRABAJO, porque automáticamente España se convertiría en el bazar chino de Occidente, con precios ultracompetitivos a causa del tipo de cambio (por la devaluación de la moneda). Tus críos y la mía podrían estudiar aquí, y quizá soñar con trabajar fuera, si de verdad eso mereciera la pena; es algo que llevo años planteándome pero sin llevar a efecto no tanto por patriotismo como por constatación de que la mierda es ubicua y mejor una conocida que otra desconocida por tragar en otra lengua.

Y de todas formas, este texto viene a cuento por lo que podría pasar el próximo viernes que, si se confirmaran los peores augurios, habría estado patrocinado tanto por nuestros eurosocios gamberros como por los modositos y aburridos como también por los españoles de a pie con dinero ganado aquí y expatriado por el egoísmo más gigantesco que pueda imaginarse.

Sí, ojalá nos equivoquemos y las cosas puedan ser de otro modo. Pero si no es así, piensa en lo que digo más arriba: el bazar chino de Occidente, se acabó el paro.

Un abrazo.

José Luis Amores dijo...

Es que son unos cerdos, socio. Tanto llevar ropajes de el caballo y ahora Espagnolo y vacilar de amora a su patria y a su bandera, y resulta que son los primeros en abrir libretones fuera de aquí. Acabo de escuchar una noticia sobre una cooperativa catalana que ha tenido que congelar sus cuentas (es agraria y de crédito) porque básicamente sus socios, los impositores, se han llevado en masa la pasta a otra entidad que ofrecía MÁS, y han dejado tirados a quienes han despreciado ese quizá 1 o 2% y han seguido con su c/c de toda la vida. Esto es un asco. Somos un asco.

El Rajoy se ha largado a Marsella a tirarse a los pies de Merkozy, para que no dinamiten esto, y les va a prometer a cambio el tijeretazo más grande de la historia mundial. Además van a subir el IVA ya, otra vez. Quienes pueden estar tranquilos son todos esos comisionistas (p.e. el "inteligente" yerno de Josemari) y promotores inmobiliarios y, por supuesto, exbanqueros defenestrados que ya han situado SUS domicilios fuera de aquí con NUESTRO dinero. Pero que no vuelvan por aquí, nunca.

Marco Tulio Cicerón dijo...

"Se desea la riqueza o bien para satisfacer las necesidades de la vida o bien para gozar de los placeres. Pero aquellos que poseen un ánimo elevado y alientan nobles designios la desean para adquirir crédito y aumentar el número de sus partidarios. Así, Marco Craso decía que ninguna riqueza es suficiente para quien aspira a ser el primero en el Estado, si con las rentas que aquélla produce no puede mantener un ejército. Otros aman la magnificencia, el lujo, la abundancia y la delicadeza. De todo ello nace una sed inmoderada de riquezas. El hombre que procura aumentar sus bienes sin causar perjuicio a nadie no merece censura, pero es absolutamente preciso abstenerse de la comisión de cualquier injusticia. Con harta frecuencia se olvida la noción de los justo cuando nuestra alma es invadida por el deseo de mando, de honores, de gloria, y así, Ennio nos dice que "la ambición de reinar no conoce ni santidad ni afectos ni fidelidad", y en esta frase del viejo poeta, tiene un amplísimo alcance. Desde el momento en que sólo una exigua minoría puede escalar los primeros puestos de un Estado es lógico que se produzca una tremenda rivalidad que haga difícil el respeto a los derechos del cuerpo social. Y ello lo hemos visto confirmado con la empresa temeraria de César, quebrantando todas las leyes divinas y humanas, para escalar un puesto falsamente estimado por él como el primero. Y lo lamentable es que esta pasión por los honores, el mando y el poder se suele adueñar de las almas más grandes y de los genios más brillantes, y ello es una razón de más para prevenirse contra estas tentaciones. Importa mucho, cuando se comete una injusticia, examinar si ésta proviene de una súbita perturbación del alma, de ordinario pasajera, o de un propósito consciente y deliberado de cometerlas. Las injusticias que proceden de un impulso o primer movimiento son menos graves que aquellas que han sido previamente meditadas. Y basta con lo dicho sobre las injusticias que se causan a otro.

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