25 abr. 2011

La critica definitiva al Yates de Lin




9 – Ciclo “Antes Molaba”

AM Editores
twitpapers - septiembre 2019

AM Editores te ofrece una selección única de la literatura juvenil de principios de la década. He aquí los cuatro primeros títulos:

  • Indignez vous – Stephan Hessel
  • Tengo ganas de ti – Federico Moccia
  • Marcos Montes – David Monteagudo
  • Tao Lin – Richard Yates

Hash, ed2k y torrent disponibles en los habituales kioscos p2p de Trípoli, Pyongyang y Castelldefels.
8 – Catálogo de recomendaciones

librerías con huella
junio de 2011

Y con esta propuesta de la barcelonesa Alpha Decay terminamos nuestro apartado de recomendaciones veraniegas de no-ficción. Tao Lin, poeta y ensayista del presente menos oculto, publica en España un análisis descarnado de la generación ná-ná estadounidense. En la línea del mejor Camus y con toppings vintage de Bret Easton Ellis, Lin muestra a quien quiera leerlo otro estadio más de la evolución humana hacia la estupidez absoluta.

La historia de Haley Joel Osment y Dakota Fanning, nombres repetidos hasta el hartazgo, puedes consumirla en tu nuevo iPhone 4, desde el que tienes la posibilidad de compartir tus pasajes preferidos, aunque no todo el libro, en las principales redes sociales; es decir, Facebook. Además, si eres de los 100.000 primeros en adquirir la versión digital, te regalaremos la remasterización en cómic, resumida e ilustrada, de Visión de paralaje, de Slavoj Žižek, el denominado Elvis de la teoría cultural.
7 – Contra la censura

Henri Pichon
L'Avant-Garde - 5 de mayo de 2011

Ciertamente pareciera que, a cuenta de esta novela escrita por un chaval americano, se hubiera librado una reyerta jamaicana entre aparato crítico y aparato editorial —entre apparatchiks de un estado burocrático en ruinas— en la que los únicos y probables perdedores son, como cabe esperar, esos mujiks llamados lectores. Unos críticos, actuando como esas agencias de rating que tanto aciertan y tan independientes son, dicen que la novela es buena pero mala; otros, amparándose en su independencia e integridad, le otorgan directamente la calificación de bono basura. Ya sabe el lector que a los primeros no hay que hacerles ningún caso, y respecto del consejo puritano de los segundos cabría recordar aquellas palabras escritas por sir Thomas Browne en su Religio Medici: “Los que se afanan por abolir el vicio eliminan también la virtud, pues, contrarios, aunque se destruyan el uno al otro, son sin embargo el uno la vida del otro: así la virtud, si suprimís el vicio, es una idea. Además, la frecuencia del pecado no va en detrimento del bien; pues cuando el vicio se impone en la mayoría, la virtud se hace más excelente en quienes permanece […]”; es decir, que lea el libro quien le dé la gana, ya valorará el propio lector lo que le conviene...

Una reflexión de sobremesa sobre tal tipo de escaramuzas me trae a la memoria ciertas páginas de Dietario voluble, de Enrique Vila-Matas, quien, con su particular visión literaria de las cosas, deriva el arte de la cita hacia unos fragmentos de Coetzee: “Las afrentas pueden ser reales, pero no debemos olvidar que lo que vulneran no es nuestra esencia sino una ficción fundacionalque suscribimos con mayor o menor entusiasmo”. O sea que, en el caso que nos ocupa, la indignación que causa una mala crítica se basa en la supuesta afrenta al criterio puesto en duda; una afrenta, pues, a una profesionalidad amparada ¿en?, validada ¿por? Os lo aclaro: fundamentada en un diabólico sistema referencial que pivota sobre algo tan frágil y maleable como las opiniones. Opiniones no sólo del sistema crítico, sino también del que pone en circulación las obras en el mercado, el editorial.

No son conscientes ni unos ni otros de que ese hecho fundacional la supuesta aceptación por parte del consumidor de ambos (en la mayoría de ocasiones, no así en esta de ahora) criterios es, enlazando con el pensamiento coeetziano, un hecho ficticio. El lector que decida unirse a uno u otro enfrentado bando está, amén de enajenando su individualidad a manos extrañas, renunciando a su propio criterio y dejando a un lado la posibilidad de la aventura en favor de un, cree él/ella, más cómodo y ¿seguro? itinerario artístico. Porque no hay que leer Richard Yates ni dejar de leerlo porque lo recomienden unos o lo desaconsejen otros, sino más bien todo lo contrario: decir, como Erasmo de Rotterdam, “preferiría morir a unirme a una facción”.
6 – Una cosa es una cosa es una cosa

barkatthemoon.vlojspot.thor
30 de abril de 2011

Alpha Decay es una editorial que, mediante una hábil labor de zapa, ha conseguido inculcar en el imaginario del consumidor la idea de que toda novedad merecedora de atención será traficada, al menos en el mercado de la literatura en castellano, a través de sus manos. Pero su catálogo no puede ser más descriptivo de una estrategia de selección basada únicamente en la capacidad comercial de las propuestas. No tanto en sus cifras de venta como en su potencial de conversión en iconos de una new wave perpetua.

Tanto es así que su actitud hacia las malas notas recibidas por su recientemente editada Richard Yates, del neoyorquino Tao Lin, demuestra una bipolaridad de manual: por un lado esa indignación semieducada cuando desde las altas esferas de la crítica se dan por fallidos y malogrados los indudables esfuerzo y valentía al publicar una novela así y ahora; por otro, la admirable contención que no hace sino multiplicar exponencialmente el supuesto hedor de la obra, lo que a su vez araña adeptos durmientes cuyo boca a boca alimenta una polémica espuria que se traduce en —sí, lo han adivinado— ventas: presentes (las del libro de Tao Lin) y futuras (mira, otro libro de Alpha Decay). Que hablen de mí aunque sea mal, dijeron, creo recordar, los de Burger Teen cuando alguna hamburguesa podrida mató a una niña pequeña.

Porque lo cierto es que no hay mejor estrategia para vender algo tan subjetivo como la literatura que el marketing de la polémica y el hacerse eco tanto de las loas como de los denuestos. Por eso he decidido que no les voy a aclarar si esta novela es una genialidad o, por el contrario, una puta mierda. Puesto que no hablamos de literatura sino de formas de venderla. Puesto que Tao Lin y su Richard Yates parecen ser solamente las monedas falsas, la excusa —otra más— para vender un medio editorial. Al menos queda el consuelo de que todo ello divierte bastante a la plebe, que somos nosotros: ustedes y yo mismo.
5 – HTMLEmpty

trozosycitas.krom
5 de abril de 2011

1. Tao Lin dice que gana dinero escribiendo. También roba cosas:

¿Por qué la has asustado?”
No lo sé. Cuando me pongo nerviosa y enfadada hago movimientos repetitivos, como mover el pie adelante y atrás o golpearme la cabeza una y otra vez. Hice eso. [...] Luego dijo algo sobre mi padre y también que estaba preocupada porque cree que no comes nada, es que no puedo decirle que robas cosas. Y no quiere que vaya a la ciudad y no coma nada en todo el día.”
No sé, dile que sí que como”, dijo Haley Joel Osment. “No entiendo nada.”
Lo hice. Le dije que comes, pero no sabe cómo consigues el dinero.”
Dile que gano dinero escribiendo. Sigo sin entender nada.”

2. Tao Lin sabe que merece más:

Porque estoy siendo egoísta.”
En qué sentido”, dijo Haley Joel Osment.
Contigo. Debería esforzarme en encontrar nuevas cosas que te gustaran. Quería regalarte una toalla nueva y se me olvidó. No te digo gracias tanto como debería. Debería esforzarme en conseguir cosas para ti. No he escrito suficientes cosas para ti. Quiero escribirte cosas. Te voy a escribir otra carta. Me gustó mucho escribirte una carta. Me siento feliz cuando hago cosas así pero casi nunca las hago. Es una imbecilidad y me doy asco a mí misma. En todo lo que puedo pensar es en abrazarte y acariciarte. Soy subnormal. Me doy asco a mí misma. Quiero abrazarte.”

3. Aunque diga que no sabe, Tao Lin elige la tercera opción:

En cada momento puedes elegir entre suicidarte, intentar ignorar la realidad y a la gente que te rodea, o preocuparte por pensar y hacer lo que puedas por la gente que te gusta. Esas son las tres únicas opciones en todo momento. No sé.”
4 – Poetry inc. by Indietext

noalfairtrade.wordless.com
4 de abril de 2011

¡Marchando una de marcas!”

Las corrientes literarias, por si no se habían ustedes percatado, también tienen sus númerus clausus: una vez que sus inventores advierten que han abierto demasiado la mano (que han relajado en exceso la exigencia de los criterios de entrada en la familia, en el clan) cierran el plazo de inscripción sin previo aviso, e incluso —pero siempre después de haber alcanzado la correspondiente cuota de fama— la disuelven mediante declaraciones públicas de muerte o separación, escisiones mitocondriales o rápidas diásporas que mal esconden el sálvese quien pueda y/o un asco larvado.

También cabe pensar en los movimientos literarios como en creadores de marcas. Al fin y al cabo el escritor diseña realidades que alcanzan el estado fósil cuando dejan de encontrar su encaje en esa otra realidad que es el mundo y su devenir. En ese momento la generación se ha convertido en pieza de museo, carne de análisis literario y, cabría decir, antropológico. La única forma de existir desde un punto de vista creativo sería entonces aceptar la mutación como intrínseca al viejo oficio de poner por escrito sucesivas realidades. Y quiénes mejor que YoMango (sociedad semisecreta que reúne a plagiarios dispersos), H&Ñ (cofradía que aglutina a los amantes de la nueva literatura más castiza) e Indietext (red de escritores hiperenlazados en una nube de literatura alucinógena y rabiosamente cool) han entendido —no sabemos si a tiempo— esta terrible circunstancia y han reinventado el viejo eslogan renovarse o morir.

Conocemos al Tao Lin de las posturas vitales, al creador de su propia trade mark subastada en ebay, pero todavía nos queda por descubrir —falta que él nos lo muestre— al mutante capaz de liderar un núcleo de autores que bien podrían autodenominarse continuum-new lit. Si usted escribe o está pensando en hacerlo, dese prisa en definirse porque el próximo miércoles llega nuevo género a las tiendas, y puede que ya no queden prendas de su talla, o que sea usted demasiado viejo para según qué tipo de artefactos.
3 – Visionario del presente

Vincenzo Van Moore
XYZ Protocultural - 19 de marzo de 2011

Todo principe de siècle que se precie tiene en sus manos la posibilidad —la amenaza— de la ruptura. Sólo que, en este sentido, en la historia de la literatura únicamente cabría apreciar dos principios genuinos con sus sendas disfuncionalidades artísticas. Lo que en realidad demuestra que siglo y literatura son conceptos, además de antitéticos, formalmente alejados entre sí. Por lo que sería lícito afirmar que los siglos literarios no se corresponden con los naturales: no comienzan ni acaban en la misma fecha; tampoco poseen la misma duración ni sus meses y años se componen de días tal y como suelen éstos entenderse y computarse. Así, el escritor Tao Lin, autor de la celebrada Richard Yates, no sería más joven que Alfred Döblin cuando a los 51 años de edad publicó Berlin Alexanderplatz y, con ella, terminó de romper una tónica ya anteriormente quebrada por autores algo más intuitivos.

Es costumbre derribar las estructuras precedentes. La inercia del hiperconsumo, cuya base fundamental descansa en un constante y enloquecido acoso/derribo/nuevo producto, encuentra en los movimientos literarios su justa correspondencia escrita, inmaterial. Si la literatura pretende representar la realidad, deberá adaptarse a los cambios que ésta experimente. La novela del escritor alemán constituyó un artefacto sinfónico expresionista que previó en parte el costumbrismo sucio, y esta obra de Lin —intrarrealista, ultracostumbrista, meganihilista— no pretendería ir más allá de la puesta de manifiesto de la vacuidad en que estamos inmersos. Realidad que no es visible porque no se la quiere ver pero también porque el viaje desde dentro niega una panorámica adecuada. Es por ello Tao Lin visionario de un presente más relevante que los posibles futuros en cuyas precogniciones continuaría imperando —como todo parece indicar— la nada.
2 – Lector aterido

vvaa.com.anthrology:https//8080.biz
3 de marzo de 2011

Más acá del filo de lo posible se encuentra la cotidianidad de nuestros actos. El acontecer nimio, que diría el poeta finlandés, narrado con la rara precisión autómata de quien cuenta frases y no horas. Un sistema desprovisto del aforismo como gadget y como hito verbalizado de una existencia alejada de los límites internos de la piel. Somos lo que vivimos y también lo que nos contamos. La nada deja de serlo cuando es narrada y ya es palabra. Hecho cuerpo, comprobamos que la materia prima del aburrimiento es efectivamente aquel horror escrito por el poeta, esta vez francés. Frases como moléculas, palabras como átomos. La paradoja de una poesía sin sangre que recorre organismos pluripersonales, macroidentidades resumidas en un prosaico artefacto mutado en libro.

Después de leer esta novela, me gustaría ahora comerme una manzana. A solas, irla desnudando con mis dientes. Acceder a su carne y sentir en la lengua la humedad de su jugo. Y con esta comunión exorcizar la semimuerte accedida en esas páginas numeradas. Y no arrojar a la basura las semillas durmientes en su corazón; guardarlas para que un día, quizá muy lejano, germinen en una nueva tierra virgen, libre de polvo y sucia de vida.
1 – Papá, una novela de Tao Lin

britneyemotions.typepad.com
20 de febrero de 2011

Yo pensaba que nombres como Dakota o Hannah sólo los ponían los padres de las series televisivas de Disney Channel que ve mi hermana Mooney. Pero ha sido en esta novela del poeta Tao Lin donde he comprobado que hay vida después de la adolescencia y que se entra en ella con parte del bagaje ya tatuado. Mi novio dice que Hannah Montana para ser perfecta debería haberse llamado Smiley y no Miley Cyrus y haber nacido tío y rapero. No sé. No importa.

Adonde quiero llegar es a que he leído esta novela de Tao Lin mientras debería haber estado buscando trabajo. La descargué de internet y la he leído entera en la pantalla del ordenador, dice mi madre que los de Visine hacen cantidad de negocio conmigo.

La escritura de este tío me parece fascinante. Me ha descubierto las rimas internas que atraviesan una noche de frío en la calle, bebiendo de un vaso de plástico y rodeada de cientos de personas que no conoces pero que a la vez te son tan cercanos porque son gente como tú, normal, gente que no es nadie. Uno de los protagonistas, Haley, me recuerda tanto al primer novio que tuvo Mooney, y Dakota es el vivo retrato de mi madre. He enviado como adjunto el pdf al correo electrónico de mi padre. Estoy casi convencida de que en Richard Yates se esconde la clave para saber qué hicieron ellos mal, mis padres, para acabar llevando la vida tan perra que se les ve dibujada en la cara.

Quiero pensar que si descubrieran ahí los motivos, aún estarían a tiempo de darnos algún consejo a nosotras dos, sus hijas, para que no nos pasara lo mismo. Y sería guay que lo hicieran como comentario en este blog, para que quedara el rastro imborrable del amor que estoy segura sienten por nosotras, y para que otros jóvenes pudieran beneficiarse de ese futuro truco para vivir mejor, o para vivir algo.
 Tierra – Léeme, coño

LeMonde Dantès&co
La Provence – 11 de enero de 2011

¿Cómo haces para vender un libro en mitad de una manifestación de un millón de campesinos en la Plaza de Tian'anmen? ¿Cómo haces para que siquiera se fije alguien en que existes y que llevas un libro en la mano? No me pregunten a mí, pregúntenselo a Tao Lin, el tipo que más y mejor sabe de marketing editorial de todo Nueva York; el tipo que ha escrito un libro cuyo título es una llamada desesperada en lenguaje delfínico, otro incluyendo el nombre de una marca de ropa, American Apparel, y otro más con el de un escritor, Richard Yates, famoso por haber narrado la deriva existencial de una pareja de manual encarnada décadas más tarde por los no menos arquetípicos DiCaprio y Winslet.

Pero no solamente. Si con ello bastara, los Mojinos Escozíos habrían vendido más de ocho millones de discos de su Más de 8 millones de discos vendidos. Si con ello fuera suficiente, estaría yo ahora escribiendo un artículo titulado Lady Gaga desnuda que al minuto de publicarse sería indexado por el Gran Hermano Google (Ghoogle) para que millones de personas fuesen hiperenlazadas hacia las turbias promesas escritas en mi blog.

Digo que con eso no basta. Es necesario alcanzar el grado máximo de histrionismo sin que lo parezca demasiado, extraer la metáfora y el juego de roles del terreno de la literatura y llevarlo hacia tu persona. Convertirte tú mismo en personaje y tu vida en novela que otros, por ejemplo los críticos literarios, se encarguen de ir narrando. Ser tu nombre el título, tu vida el producto y la literatura sólo el souvenir, el merchandising ofrecido en la tienda de regalos a la salida del museo, que diría Banksy. Así Tao Lin; así Richard Yates.
Cielo – Pastpedia

Lin, Tao. Escritor. Nueva York (1983) – Kibbutz BC754, Subsuelo Antártico (2136). Autor de las historias Eeeee Eee Eeee (2007), Shoplifting from American Apparel (2009), Richard Yates (2010), Macondo (2012), The Next (2015), Semilife under the ice (2104).
Escritor. Persona que escribía historias, generalmente inventándolas o alterando la realidad, para después hacerlas del dominio público a cambio de dinero y reconocimiento. En determinadas circunstancias su trabajo se consideraba literatura.
Dinero. Adoptando presentaciones que iban desde piezas esféricas de metal, trozos rectangulares de papel o pequeños y delgados contenedores de plástico servía antiguamente para la adquisición de bienes y servicios necesarios o innecesarios. Su auge y mantenimiento se fundamentaba en un reparto deficiente tanto de esos bienes y servicios como del dinero en sí mismo.
Reconocimiento. Conocimiento admirativo de un individuo por el resto de personas, preferida y preferentemente muy por encima de esas mismas personas.
Nueva York. Ciudad de los Estados Unidos de América. Desaparecida tras la hecatombe mundial acaecida en 2022.
Ciudad. Aglomeración humana vertical y horizontal en habitáculos residenciales caracterizados por una estructura endeble.
Estados Unidos de América. País. Desaparecido tras la hecatombe mundial acaecida en 2022.
País. Aglomeración de ciudades de tamaño desigual, relativamente cercanas entre ellas, bajo el mandato de un pequeño grupo de personas.
Mandato. Véase Gobierno.
Gobierno. Véase Mandato.
Literatura. Arte de narrar historias, generalmente inventándolas o alterando la realidad, aunque en determinadas ocasiones se procuraba una fidelidad a ella por lo demás utópica.
AM: Antes Molaba.

3 comentarios:

Darío dijo...

Excelentes y divertidos y definitivos comentarios, no podrían estar más acertados. Por otro lado, no deja de perturbarme lo de Fresán desde que lo leí aquel domingo temprano por la mañana comentando a Tao Lin. Creo que esa nota en el Página 12 merece toda una reflexión a la que te invito a realizar, amigo mio.
Darío.

Clément Cadou dijo...

Interesante (y diplomática) metacrítica, Sr. Bolmangani. Saludos.

José Luis Amores dijo...

Hola, Darío, gracias. Creo que Fresán, con su artículo, quiso recolocar la situación, o resituar el colocón, en donde él creía que debía estar. Los problemas en este tipo de cuestiones literatas (que no literarias) comienzan siempre igual: cuando se compara el tocino con la velocidad. Como en dichas comparaciones quien es subido de categoría nunca protesta (ni él ni sus adláteres), el agravio se sitúa en la otra parte, normalmente en el cuerpo crítico que la defiende. Es el caso de Fresán, que siempre ha defendido, como no podía ser de otra forma, unos grados de pureza y unos cánones bastante exigentes. Pasa como con el desastre de Chernobyl y el de Fukuchima: ambos se sitúan en una escala de 7 (que resulta de alcanzar determinado nivel de fuga radiactiva), cuando lo cierto es que las consecuencias del primero fueron tremendamente más desastrosas (la fuga fue objetiva y sensiblemente mayor) que las de la central japonesa. Por eso se plantean ahora ampliar la escala hasta 8 y adjudicarle este nuevo grado máximo a la catástrofe de Chernobyl. Si estas cosas suceden en ámbitos sujetos a la medición científica, qué no pasará en algo tan presto a la subjetividad como la literatura.

Mister Cadou, le conozco de cuando las intervenciones en rings blogueros, muy divertidas. Gracias por comentar.

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