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30 jun. 2011

Gran Literatura

“En literatura una década es toda una época”, me dice un amigo escritor. El comentario, inserto en una larguísima conversación llena de meandros, apeaderos, carreteras secundarias y una o dos vías principales, resume dolorosamente el más que probable futuro de lo escrito en estos días: una trituradora llamada olvido. Porque cuando escribimos sobre obras publicadas antes de una fecha cada vez más cercana al ahora rabioso, lo que hacemos es disertar sobre un cadáver del que nuestro texto sólo puede aspirar a ser último epitafio.

No importa el esfuerzo invertido en su creación, ni la validez cualitativa otorgada por un amplio sector crítico inocente de inculpaciones interesadas: la lógica de mercado se impone sobre estos hechos, y ulteriores cosechas, compuestas en su mayoría por transgénicos debilitados, sepultan los ecos de anteriores obras. Ya no es válido el símil vitivinícola o bodeguero en lo literario según el cual la calidad de un buen libro, al igual que sucede con un caldo ideal, aumentaría con los años. Ahora la literatura se cultiva en invernaderos, o es expulsada en ponederos industriales, o manufacturada en regiones con regulaciones laxas y bajos costes laborales, para después ser colocada en un sistema expositor caracterizado por la fugacidad, la sobreproducción y los códigos de barras.

Las ventajas de este devenir —la rápida depuración de productos indignos de su inclusión en el acervo literario— encuentran su reverso en la muerte temprana, por asimilación, de obras que merecerían ostentar un carácter perdurable, pero que son prematuramente asfixiadas por una inexplicable ansia de lo último, que sólo lo es durante un par de fines de semana. Por lo que hablar de Habitación doble, de Luis Magrinyá, es, seguro, extemporáneo. Además de que Magrinyá no es un mindundi, ni una joven promesa, ni escribe gilipolleces al dictado de la moda literaria sino todo lo contrario. Magrinyá, como otros (pocos) autores españoles, escribe lo que le da la gana, y es así como puede llegar a fabricarse Gran Literatura.

Pongo como ejemplo este último título suyo publicado en Anagrama hace la friolera de UN AÑO. En su interior cabe encontrar lo que en tantos hoteles: habitaciones funcionales, públicas, que alojan efímeras historias semipúblicas. Yo soy un experto en hoteles, he vivido buena parte de mi vida en ellos aunque ahora, cuando viajo, soy más proclive al alquiler de viviendas por temporadas cortas (quiero hablar con gente real y no con chapas identificativas contratadas en prácticas). Una vez estuve encerrado en una cárcel de otro país europeo por pegarle un par de hostias a un oriundo de allí. La celda era doble y la otra mitad estaba ocupada por un hombre visiblemente borracho y ruidosamente dormido que no me dejó pegar ojo en toda la noche. Hacía un calor insoportable, pero lo más notorio fue la ausencia de noticias del exterior. Luego supe que hubo una especie de goteo de adeptos a mi causa, peticionarios de mi libertad entre los que también estuvo el hombre a quien yo había golpeado. Poco después de aquello el Muro de Berlín fue derribado y supongo que el “expediente” que contenía mis “antecedentes” habrá sido destruido. Con esta anécdota tan breve, Magrinyá construiría un irresistible artefacto narrativo que después engarzaría con la historia del hombre golpeado, ahora en otro país distinto del que nació, o quizá seguiría conservando protagonista y la relación con el origen del relato fuera un mero envés curtido por el tiempo, o, más admirable aun, el punto de vista se desplazaría al borracho compañero de reclusión, ahora alcalde de la antaño pequeña localidad, hoy ciudad mediana, donde ocurrieron los sucesos relatados desde la primera cama de aquella “habitación doble”. Esto en cuanto a la técnica.

Sin embargo la metáfora implícita en el título no me lleva mucho más allá. Lo que de veras hace que Habitación doble sea memorable es, aparte del gran estilo con que está escrita, su temática implícita, tan ajena a los cánones temáticos del materialismo imperante: padres e hijos, cuando éstos vuelan o están a punto de volar del nido. Cuál es el grado de responsabilidad de unos padres sobre el devenir de un hijo; cuánta influencia por su parte hay que adjudicar a sus acciones y cuánta al entorno; ¿es posible hacer algo para contrarrestar el efecto de, por ejemplo, la violencia sistémica en que están (estamos) inmersos? Utilizando el análisis narrativo, mediante pares desviados uno del otro por varios años, de diversas situaciones, más un sorprendente ensayo sobre un libro de autoayuda para progenitores escrito por el padre de un asesino en serie, Magrinyá introduce el dedo en una llaga que, por más que intentemos negar su existencia, se abre, para no cerrarse jamás, cuando decidimos tener descendencia.

El escritor, aun cuando no establece juicio moral alguno, presenta los diversos relatos en situaciones y con perspectivas tales, desde una obligada complacencia paterna hasta el rechazo y la autoinculpación, que el sentimiento último del lector no puede ser más que de impotencia ante un futuro —tanto de padres como de hijos— que, aun en su aleatoriedad, se presenta cargado de problemáticas irresolubles. Soy padre ergo dudo y sufro. Ningún tema más alejado de los intereses del momento que la entropía familiar, y sin embargo uno va al Hospital Materno de su ciudad y lo encuentra atestado de padres acunando a bebés llorones junto a ex parturientas acostadas que sonríen beatíficamente. Niños que luego crecen acunados por tecnología de consumo y educados en sistemas publicitarios; padres ausentes; familia líquida; entropía cero. Con Magrinyá uno puede acercarse a los porqués mediante una técnica, digamos, situacional que, de paso, dialoga de tú a tú con la Gran Literatura, esa que ya, dada la generalizada rebaja de expectativas, rara vez se fabrica y casi nunca se pondera.

Recomiendo la lectura de este libro porque se trata de una rareza editorial no publicada por una editorial rara —con lo quiero decir que, aunque sea un libro “viejo”, no debería costar mucho esfuerzo adquirirlo—. Y también recomiendo la lectura de un par de artículos sobre él que, hace eones, publicó un escritor mallorquín en su blog, ahí os van los enlaces:

http://clementcadou.blogspot.com/2011/01/habitacion-doble.html
http://clementcadou.blogspot.com/2010/09/luis-magrinya-y-la-angustia-de-espera.html

7 comentarios:

Sargento dijo...

Me lo compro. Las mejores novelas que he leido ocurren en la familia, de ahi viene todo, lo bueno y lo malo. Yo, siento decirlo y casi pido perdón, sigo siendo freudiana. Ya te contaré.
un abrazo y buen verano
la sargento Margaret

Carlos González Peón dijo...

Sargento, ¿usted todavía por aquí?

* * * * * *

JL, el magnífico artículo de Cadou, al menos el primero, lo leí hace tiempo (tengo pruebas) pero el segundo no recuerdo haberlo hecho (me lo estoy imprimiendo mientras digo esto para corregir el error desde algún refugio playero). Estoy en la situación que estaba, esto es, ignorante de su contenido (me refiero a la novela). Pero esta entrada tuya ha sido determinante. Si lo que querías era convencer te diré que has convencido. La semana que viene, sin falta, lo prometo, me haré con él, pagando si fuese necesario (no lo será) y en el primer hueco que encuentre lo cuelo, lo leo y lo comparto contigo.

Llámame clásico pero para mi un libro de un año aún tiene algo de novedad.

Un abrazo,

José Luis Amores dijo...

Querida Margaret, el trabajo tanto del escritor como del editor no te defraudarán en este caso y disfrutarás de lo que sé te gusta. Te deseo también un buen été y te mando un fuerte abrazo.

Querido amigo, sí, quería convencerte de que atendieras a este tipo de cosas, de las que hay pocas pero todavía se encuentran. Si no fuera por ellas, seguramente este blog sería puramente pornográfico y no literario. Lo que a lo mejor sería más divertido, quién sabe. Un abrazo también a ti.

Edda dijo...

Como lo tengo a mano, voy a hacer caso de tu recomendación(hasta ahora me ha ido bien), por lo menos hasta que te dediques a la pornografía :-)
Gracias.

José Luis Amores dijo...

Mademoiselle, nada más reconfortante que saber que mi criterio le ha satisfecho hasta ahora. Mucho me temo que este título lo disfrutará aún más. Gracias a usted por la confianza depositada.

Suyo,

Clément Cadou dijo...

Gracias, José Luis, un gesto muy generoso de tu parte, especialmente si tenemos en cuenta que tu lectura de HD es muy inteligente y se basta a sí misma.
Un saludo afectuoso.

José Luis Amores dijo...

Gracias, Cadou.

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