19 dic 2011

¡Despidan a esos desgraciados!

Los reconocimientos de William Gaddis no es una novela muy leída en español por la sencilla razón de que es casi ilocalizable en español. La publicó Alfaguara en 1987, treinta y dos años después de que Harcourt, Brace & Company consiguiera vender 500 ejemplares de su versión original en inglés. Hoy día es artículo de coleccionista y materia frecuente de intercambio bibliotecario, y también objeto de especulación creciente porque parece que será publicada de nuevo en español por la editorial Sexto Piso, propietaria de los derechos de difusión en nuestro idioma, algo (esto último) de lo que puedo dar fe.

13 dic 2011

El rey pálido

Lo están haciendo de nuevo: están reseñando (/opinando sobre) un gran libro sin haberlo leído. Además le están contando al lector una interpretación que el propio editor ofrece al final, tomada de las notas del autor. Piensan que el lector no es inteligente, que por estar ante un libro inacabado (al menos según la edición americana) no va a enterarse de la misa entera, y por ello creen que deben añadir especulaciones y verborrea sobre la vida y circunstancias de DFW para convocar al morbo y/o provocar lástima y así aumentar los acercamientos a una obra que ellos, quienes no la han leído, entenderían si de verdad la hubieran leído.

7 dic 2011

Desierto financiero

Me resulta imposible escribir sobre literatura en estos momentos tan convulsos y llenos de incertidumbre económica y financiera. Sencillamente, no me sale. Ayer por la tarde dimos un paseo por el centro histórico/comercial de la ciudad, que estaba a reventar de gente a su vez paseando y haciendo, en esencia, nada salvo pasear y constatar la sorprendente cantidad de otros que hacían lo mismo. Las tiendas estaban cerradas, casi todas. Había los típicos mercadillos navideños y los bares rebosaban clientes. Con una imagen así es difícil pensar que esta misma semana sabremos si nos hundimos o no.

5 dic 2011

Ritual en la oscuridad

“No me entiende —dijo él, con paciencia—. No es eso lo que intento decir. Lo que intento decir es que nuestra experiencia está deshilvanada. Vivimos más o menos en el presente. Si fuéramos honestos, reconoceríamos que la vida es una serie de momentos engarzados por nuestra necesidad de mantenernos con vida, de derrotar al aburrimiento. Nuestra experiencia está hecha de pedazos. Pero el hombre de negocios de Surbiton lo hilvana todo creyendo que el propósito de la vida es tener un coche más grande. El político
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