Decir que soy fan de Houellebecq está de más. Su última novela la leí hace tiempo, pocas semanas después de que saliera al mercado la edición española, y si no he hablado de ella antes fue porque la avalancha de elogios, reseñas, comentarios y críticas pre y pos lanzamiento fue tal que hacían sobrante una recomendación más. Todavía hoy es factible encontrar la novela en las mejores librerías en sitios eminentes, visibles, como Libertad, de Franzen, pero sin su aparato propagandístico (aunque se ve que ésta va perdiendo fuelle y necesita de la faja con el “más de 100.000 ejemplares vendidos”).
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17 feb 2012
12 sept 2011
Los números temerarios
Michel Houellebecq es un provocador. Michel Houellebecq está de moda, es novedad. Michel Houellebecq escribe poemas que son bodegones de carne y novelas de sexo ficción, libros de teoficción, ensayos de socioficción. Michel Houellebecq es el único superviviente de un futuro naufragio: él ya está allí, donde (cuando) el presente ha sido devorado y los, así llamados, individuos reducidos a quincalla barata ofrecida en mercadillos de barrio. Y como está solo, se aburre e intenta llamar la atención de los habitantes del pasado: “¡Eh! ¡Aquí! ¡Venid!” Michel Houellebecq es el ontólogo de la posibilidad obligado a volver sobre sus pasos para indicar, de nuevo, cuál es el camino ¿correcto? En todo caso un camino intransitado que no elude la perdición ni el extravío.
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