Ya lo sabréis todos: María Kodama, viuda beneficiaria de los derechos sobre la obra de Jorge Luis Borges, ha conseguido la retirada del mercado de El hacedor (de Borges), remake, de Agustín Fernández Mallo. No ha conseguido, sin embargo, que al teclear las dos primeras palabras de ese título tan deliberadamente explícito, el propio Google proponga terminar la secuencia con los términos pdf, descargar, etc. No podrá impedir, por otra parte, que su nombre, María Kodama, sea recordado sin ser inmediatamente asociado a los adjetivos inculta, soberbia y codiciosa.
30 sept 2011
27 sept 2011
Los electrocutados
¿Sabéis?, la mejor literatura, en mi opinión, es aquella que no se queda en una trama, ni encierra el mundo entre sus hojas, ni se recrea en aventuras. La mejor, en mi opinión, es aquella que le pasa al lector un brazo por los hombros —o lo coge de la cintura— y le va contando de a poco y explicando lo justo. Porque ella deja que también tú bailes y quiere que vayas uniendo los puntos hasta completar la figura. La mejor literatura sería, entonces, aquella que no te da de comer de su pico porque prefiere —porque sabe que así lo prefieres— que seas tú quien acabe de cocinar la receta.
23 sept 2011
La solución final cervantina
Tengo una amiga que trabaja en una sucursal de la FNAC que no diré para proteger su anonimato (no, no está en Málaga). Nos hicimos amigos por cuestiones literarias. Entre los dos convencimos a una chica que buscaba novela histórica de que se llevara Memorias de Adriano en lugar de otra cuyo título tampoco diré, aunque el anonimato lo tiene ya garantizado sin ayuda externa. Ella libra una guerra particular contra los best-sellers que, paradojas del consumo, le dan de comer. Y se pregunta por qué, habida cuenta del descaro con que su propia empresa divide el espacio en entretenimiento y literatura, el comprador de aquéllos no se hace preguntas, aunque sólo sea esta: ¿por qué leo lo que leo?
22 sept 2011
El Cándido de Moratín
A menudo despreciamos obras por el mero hecho de que no son novedosas, o por considerarlas manoseadas, o porque pensamos que no tienen nada que enseñarnos, que su lectura no nos reportará ni siquiera la utilidad del entretenimiento. Y si el verbo no es despreciar, cambiémoslo por ignorar, rehuir o evitar, da lo mismo. El resultado es que (nos) decimos conocerlas, pero sin haberlas leído. La Ilíada, la Comedia, el Decamerón, el Quijote, el Ulysses, la Recherche… Todas, además, merecedoras de una subjetivización per se: artículo más nombre, sin cursivas, sin autor.
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