Descubrí casi al mismo tiempo el blog de Vicente Luis Mora y el de Arcadi Espada. El de Mora estaba alojado en Bitacoras.com y el acceso a él era lento de narices, y Espada no recuerdo desde dónde escribía pero sí que me interesaban mucho menos sus opiniones telegráficas que las decenas e incluso cientos de comentarios que generaban, sobre todo los de un por entonces joven escritor ataviado con un nickname fantástico: Atleta Sexual. Era admirador de Thomas Bernhard y tenía una habilidad fantástica para introducir en la conversación las dosis perfectas de invectiva y diversión como para que no se le pudiera considerar un troll sino un genio absoluto de la mordacidad.
10 ene 2012
28 dic 2011
¡Gratis!, o la falacia de lo común
Hace algunos meses compré un Kindle DX, que viene a ser como un Kindle normal un poco más grande. Lo adquirí en Amazon.com y unas semanas después llegó a casa desde un almacén de Pensilvania. Inmediatamente comencé a utilizarlo con algunos textos antiguos que ya tenía, descargados de no recuerdo dónde, y lo cierto es que el aparato enganchaba bastante. No era lo mismo que leer un libro de papel de los de toda la vida, desde luego, pero la comodidad que experimentaba superaba con creces los restos nostálgicos que pudiera sentir aún por el método tradicional.
21 dic 2011
El financiero
Escribo esto la víspera de la fiesta santificada al dinero aleatorio, cuando tanto pobres como ricos se entregan al cotejo de un papel de la suerte en la confianza de que podrán convertir una inversión diminuta en la fortuna de sus sueños. Quién dijo que el dinero no da la felicidad, cuando sólo hay que anticipar la alegría barata en caras anónimas regadas con espuma de champán. Ansia viva. Ya oigo la cantinela numérica y el murmullo que especula con que el niño entone una cifra concreta. Definitivamente, prefiero el sistema babilónico borgiano a este, tan injusto y predecible en sus efectos.
20 dic 2011
La generación beat
Hace un par de semanas se presentó un libro en Barcelona mediante el método siguiente: (1) los asistentes se tomaron los vinos y las aceitunas; (2) los asistentes aplaudieron; (3) el autor leyó pasajes del libro; (4) el presentador presentó al autor; (5) los asistentes se marcharon del local andando hacia atrás, como si en realidad estuvieran llegando. Aquella presentación comenzó por el final, como las generaciones literarias, que arrancan, por así decir, de forma potencial, sin hechos tangibles que la avalen. Primero unas señales de humo, y después, quizá, todo lo demás.
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