11 jun. 2010

Un lento aprendizaje

Aquí os pongo un trozo que traduje, en su día, del primer libro de Thomas Pynchon, Slow Learner.

Lo compré hace 5 años en Foyles, en la justamente famosa por injustos motivos Charing Cross Road. Mi edición, como es natural, es paperback malo pero suficiente para cumplir su cometido. Era lo único que me quedaba por leer de Pynchon en aquel momento. Al año siguiente compré Against the day, ya en hardbook. Ahora prefiero esperar al verano para hacerme con Inherit Vice, pues prefiero tenerla en mis manos y no pedirla vía Amazon o similar. Manías mías.

En sus respectivos momentos me costó mucho trabajo encontrar las obras de Pynchon en España. Por casualidad, hallé La subasta del lote 49 en la librería de lance que hay al lado del Ateneu, esa que identifican con el cementerio de libros olvidados de la novela de Ruíz Zafón. Estuve toda una tarde leyéndola en un parque de Motril, al final casi sin luz pero me daba exactamente lo mismo. Luego conseguí Vineland en Valencia, también de segunda mano. Mason & Dixon y El arcoiris de la gravedad gracias a la Fnac. V. costó más trabajo y apareció por correo, algo que hubiera resultado más apropiado para La subasta del lote 49. Tengo que reconocerle a la labor didáctica de Vila-Matas el conocimiento de la existencia de Pynchon. Como dije, nunca dejaré de asombrarme de mi ignorancia. Es precisamente esa capacidad de asombro la que nos mantiene jóvenes. La ignorancia el acicate par seguir adelante, sin saber qué nos encontraremos ni cuán desconocido será.

Como es natural, busqué Un lento aprendizaje, pero no lo encontré. No tuve, pues, más remedio que resignarme y leerlo en inglés. Llevaba años haciéndolo por obligación, la mayoría obras de contenido económico o empresarial, tecnológico y en escasos casos científico. Con estas temáticas, el reducido vocabulario ayuda a avanzar a lo bestia. Pero una obra narrativa es algo distinto. Más si ésta es de Pynchon. Había escrito a Tusquets pidiendo una reedición, ignorando si la desaparecida de librerías era suya o no. También a El Acantilado apelando a su sentido de la comercialidad, y de paso señalándoles alguna más de William Gass. Los primeros no respondieron. Lo segundos como si les hubiera enviado un currículum: con una fórmula de conveniencia y añadiéndome a su base de datos para futuras comunicaciones comerciales. Entonces vino lo de Foyles. Tardé bastante en leerla, intercalando otras cosas. Y cuando la terminé, comencé de nuevo, pero traduciéndola. Duré sólo un día porque, en realidad, no tenía tiempo para dedicarlo a este tipo de cosas.

Esta obra de juventud, comentada en su reedición por el mismo Pynchon, revela en la introducción el carácter de lo que se hallará páginas adelante. Merece la pena su lectura sólo sea por estas páginas que ahora os pongo. Dan una idea de lo que terminaría siendo la obra completa de Pynchon: el supermercado de ideas, conceptos, visiones y fantasías del maestro de la digresión. Pynchon rescata todo aquello abandonado por la historia como producto de consumo físico/lúdico/intelectual caduco. Sería interesante leer a una reencarnación hispano-americana suya dentro de cincuenta años. ¿Qué papel jugaría en sus historias Belén Esteban? ¿Y Oprah? ¿Sucedería parte en Irak o en el Golfo de México? ¿Habría un personaje escritor como Cormac McCarthy ayudando a los mexicanos fronterizos contra los sheriffs de Arizona?

Introducción en castellano de Slow Learner.

2 comentarios:

lemaki dijo...

Gracias por ofrecer la traducción de esta introducción.

Buscaba información sobre Un lento aprendizaje, de T. Pynchon y he hallado su blog y esta interesante publicación.

saludos.

Bolmangani dijo...

Aquí somos fans de Pynchon, y no cejaremos en todo lo que sea su (re)difusión. Igual un día, además de corregir lo poco traducido, me animo a continuar. Aunque sea con relatos sueltos.

Saludos.

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