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15 may. 2012

Aquí todos flotamos

Sí, es cierto, estoy muy callado aunque debería estarlo todavía más, lo digo por motivos que quedarán razonablemente claros unos cuantos párrafos más adelante. Estoy trabajando en las verdaderas tripas de lo que se supone es el mundo editorial, alejado de la farándula cuyos ecos son lógicamente los únicos que como lectores nos llegan —porque el morbo de la farándula es lo único que se me antoja podría interesar de la vida y milagros, y también a veces obra, de una profesión caracterizada principalmente por su rol mediador— aunque de vez en cuando algún editor retirado lance una mini bomba en forma de memorias que convulsiona mínimamente este pequeño y desestructurado sector. Y las verdaderas tripas del mundo editorial, tal y como lo veo y lo experimento y lo siento, tienen muy poco de misterioso y de iluminación y sí mucho trabajo, presión y algún desvelo. Es decir, se trata de una trabajo como casi cualquier otro. No hay concesiones, ni canonjías, como tampoco las tiene un panadero o un mecánico o un comerciante o la profesión autónoma que se nos antoje mencionar.

Respecto de los motivos que me impulsaron a meterme de lleno en esto, poco más voy a añadir ahora que no haya dicho ya en el anterior post. Sin embargo, y para quienes no puedan o no sigan las actualizaciones esporádicas (aunque irán creciendo y acumulándose, sin duda) de la página de facebook de Pálido Fuego, diré que a los títulos ya anunciados tres semanas atrás se ha añadido recientemente la novela My cousin, My Gastroenterelogist, de Mark Leyner, obra desternillante y apasionante en su día elogiada por Wallace en su libro de ensayos Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer. Es decir, la literatura de alta calidad se va acumulando y, si las fuerzas de la naturaleza y las convulsiones político-económicas lo permiten, más que vendrá. Para ello no hay otra fórmula que leer, descartar, leer, descartar, leer, analizar, y entonces quizá ponerse manos a la obra. Para que únicamente llegue lo mejor a las manos del lector. Algo así le conté la semana pasada por teléfono a Matías Néspolo (él vive en Barcelona y yo en Málaga) para un artículo que preparaba para El Mundo (clic en la imagen para verla más grande).


Le dije que Pálido Fuego sólo publicaría literatura de la mejor calidad, que él entendió como “no comercial” y entendió bien porque ya sabemos a qué nos estamos refiriendo cuando el adjetivo “comercial” se inmiscuye en el ámbito literario. Le dije que no habría “complacencia”, y recuerdo que añadí algo que por razones obvias de espacio no tuvo reflejo en su artículo: que si en algún momento no había nada MUY interesante a la vista, Pálido Fuego se quedaría quieta, muda, manca, y que esperaría a tener la oportunidad ética y legal de publicar una siguiente obra que concordara con la que será su “línea editorial” de calidad, una línea que sería cansino definir aquí cuando hay decenas de posts ahí atrás que atestiguan a qué me refiero cuando utilizo el término “calidad” en modo adjetival.

En el artículo menciona Néspolo las obras que verán la luz en un futuro cercano, tres confirmadas más otra en comandita con Alpha Decay, y añadía yo una no confirmada que el año pasado tuve el orgullo de redescubrir al lector español actual: El plantador de tabaco, de John Barth. Hablé en extenso de ella aquí, y de alguna manera la noticia se extendió y hubo gente que se hizo con el libro y lo leyó y se deshizo en elogios y resulta que las pocas unidades que quedaban a la venta de la versión de Cátedra en librerías de viejo se agotaron. Carlos González Peón leyó El plantador de tabaco y escribió un post en el que decía lo mucho que le había gustado y añadía que Cátedra, respondiendo a una pregunta suya, no pensaba reeditarla. Decidí entonces hacer una especie de consulta popular para comprobar la pertinencia de la reedición, y el resultado fue decepcionante en cuanto a números, que obviamente tienen su importancia siquiera como medio para que las cosas sigan adelante. Pero aun así, mientras la revista Qué Leer le dedicaba al asunto un párrafo breve en su habitual sección de párrafos breves, me ponía en contacto con Eduardo Lago para acordar con él la utilización, en una eventual reedición del libro, de su espectacular traducción de hace más de dos décadas. Conclusión: llegamos a un acuerdo —y debo añadir que el señor Lago es todo un caballero—. El paso siguiente era ponerse en contacto con la agencia literaria de John Barth para pulsar las opciones de reedición de la obra. Respuesta: libre. Reacción: oferta.

En contra de lo que pudiera pensarse, las agencias literarias hacen una labor fantástica. Imaginemos al Mundo dándole la lata a Stephen King para negociar la traducción de sus obras a toda lengua escrita y no muerta posible. Mi admirado Wallace escribió un relato en el que un hombre descubría una curación para el cáncer y que poco después se veía recluido en su propia casa por la avalancha de personas que querían mostrarle su agradecimiento en persona. Por muy de buen rollo con que se vaya, la situación sería absolutamente distópica. Por eso los artistas necesitan representantes que actúen en su nombre, y John Barth es uno de los mejores artistas que dio el siglo XX norteamericano en lo concerniente al ámbito literario. También disfruté leyendo muchos de los libros de Stephen King, pero mucho, mucho menos que con El plantador de tabaco.

Quiero decir que me puse en contacto con la agencia literaria de John Barth e hice mi oferta y hubo algo así como una especie de contrafoerta y yo me mantuve firme (vivo en España y soy economista), aunque abierto a continuar considerando opciones, y de hecho las puse sobre la mesa a mi manera: de inmediato. Pasaron las semanas. Varias. Y Matías Néspolo me llamó amablemente y hablamos y escribió sobre Pálido Fuego y sobre sus perspectivas. Y como prueba de que no me olvido de El plantador de tabaco se lo mencioné, como futurible. De verdad quiero que esta obra vea de nuevo la luz en español para que lectores que no pudieron disfrutarla en su día puedan hacerlo ahora. Motivos económicos no hay, cualquiera con dos dedos de frente hace cuentas y comprueba que para quedar en tablas los vientos tendrían que ser bastante mejor que propicios. Traer de vuelta El plantador de tabaco no es traer de gira a Justin Bieber, y Televisión Española no va a considerar esta especie de remake digno de una operación publicitaria similar a la que está llevando a cabo con el ínclito y ubicuo Raphael. Es decir, hay que currárselo después de currárselo, hablando en plata. Pero no me importa, y los motivos son tan evidentes después de todo este tiempo que está de más resumirlos.

Pero hete aquí, y termino, que hoy, después de semanas —recuerdo: varias—, recibo un mail de la agencia literaria de Barth en el que se me comunica que hay otra editorial española interesada en El plantador de tabaco; eso es “Ear to the ground” y lo demás son tonterías. En otras palabras: sí o sí, como gustan de decir quienes así hablan, El plantador de tabaco va a ser desenterrado de su vergonzoso ostracismo, y seguramente más obras del genial Barth. Regocijaos, lectores, porque estas no pueden ser sino buenas, magníficas noticias, y del trasfondo que subyace en la cadencia de los acontecimientos —recuerdo: públicos— vamos a olvidarnos. Lo importante es leer y ser cada día menos burros, que así nos va.

11 comentarios:

Mercè dijo...

Un éxito, querido amigo, sin ninguna duda. Remover las aguas estancadas es, me parece a mi, un verdadero acto de cultura.

Pedro dijo...

Me alegro de que este libro que ya nos has recomendado vaya a ver la luz. Me parece una p*tada la jugarreta.
Y más me parece porque los que te leemos sin interés económico de por medio (más bien al contrario: cada vez gastamos más por tu culpa) nos vamos a resentir. Pero bueno. Es lo que hay.

Un abrazo.

Pilar dijo...

Mantengo la esperanza de que sea Pálido Fuego quien publique al final "El Plantador de Tabaco". Si no es así, ahora ya estás sobre aviso.
Una cosa es cierta, lo importante es leer, y el mercado editorial nos lo pone en bandeja. Afortunadamente los lectores podemos elegir y separar el grano de la paja, cosa que cada vez nos ponen más fácil.

Darío dijo...

Impresionante post. Impresionante proyecto.

La Medicina de Tongoy dijo...

Como parte afectada (iba a ser el regalo de reyes de alguno de mis hermanos) me jode algo no, mucho, pero queriendo verle el lado positivo a todo esto (que ya sé que no lo tiene, pero queriendo verlo a pesar de todo) hay algo de cumplido en eso de que a uno le roben un proyecto. Quiere decir, como poco, que lo estás haciendo de putísima madre. Y esto arrancando, no te quiero imaginar a pleno rendimiento.

Respecto a los "ladrones", mejor que lo hagan bien. Estaremos atentos.

Abrazo,

Anónimo dijo...

¡Ay, José Luis! Me tienes bien fastidiada. No tengo cuenta en facebook ni ganas de tenerla, pero eso supone que me pierdo los avances y comentarios de tu editorial (hace un momento que he accedido por primera vez y me he muerto de rabia al encontrarme con un párrafo de The Broom of the System que no he podido leer por no estar registrada). Vas a ser el culpable de que finalmente me rinda y claudique. Cada nueva cosa que nos cuentas me pone más impaciente.
Lo de la agencia literaria de Bart ¿no será un truco de negociante para que subas el precio? Llámame desconfiada, pero me parece mucha casualidad.
Y una pregunta: ¿habrá edición digital de los libros?
Ánimo y mucha suerte!

Julia

José Luis Amores dijo...

La buena noticia es que haya este interés por este tipo de literatura, ahora, en estos momentos. Igual algo esta cambiando, ojalá sea así.

Cuando vaya habiendo noticias, siempre positivas, las avisaré por aquí. Edición digital no sé, aún es pronto.

Gracias a todos por los comentarios.

Blumm dijo...

¿En qué fecha publican lo de El Mundo?
Por cierto, inteligente estrategia. Levantar liebres en cierto nicho editorial es dirigir a las editoriales hacia qué tienen que editar. Con que te dejen algo.
Esa es la verdadera labor editorial, la verdadera industria cultural que genera un editor.

¡Gracias!

elojociego dijo...

Si existiese la justicia divina ya tendrías en tus manos el contrato para la reedición de El Plantador de Tabaco, aunque solamente fuese como premio por la vehemencia con la que has defendido las bondades de esa obra de Barth. Viendo el coraje que estás echando a tu proyecto editorial, seguramente la edición sería estupenda. Pero parece que andamos escasos de cualquier tipo de justicia...
A todo esto, desde que leo tu blog, y tus otros artículos, he entrado en un proceso de descapitalización progresivo que no sé si podré perdonarte. Por lo que leo también les pasa a otros.
Suerte con todos los proyectos.

Antonio J. Quesada dijo...

Ánimo, amigo José Luis, con tu tarea. Es digna de elogio, una lucha perpetua,

Alberto Secades dijo...

Bueno, ánimo.

En la concepción de "proyecto" se encierra necesariamente el sentido de "futuro".

Y, es evidente y notorio, que tú tienes claro tu proyecto. Y muchos queremos verlo pronto plasmado en un futuro.

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