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7 de ago. de 2010

El marketing de la necesidad

Hay un mutilado en Málaga al que le faltan los dos brazos. Es joven y bastante alto. Lo conocí en la puerta de El Corte Inglés, donde ejerce la mendicación. Su arte de pedir consiste en sujetar un pequeño cubo infantil con los dientes y agitar la cabeza varias veces seguidas, ora hacia ambos lados, ora arriba y abajo. Con estos movimientos las monedas que ya hay en el cubo provocan un sonido peculiar, como de maracas pero mucho más fuerte. El cubo es azul celeste. Tras varios movimientos seguidos, su guión o partitura del pedir le dice que debe lanzar un mensaje a quienes pasan por su lado. Lo malo es que, como tiene el cubo entre los dientes, sólo es posible comprender la primera palabra de un retahíla de por lo menos cuatro o cinco. Se le entiende “¡Oye!” Una mañana le di un euro. Quiero decir que lo eché en el cubo. Entonces me guiñó. Hoy he vuelto a verlo en calle Larios, la más céntrica y visitada de la ciudad. Cubo hacia los lados, maracas rápidas. Cubo arriba y abajo, maracas más lentas. Debe de tener el cuello destrozado. Decido, pues, darle otro euro pero por mediación de mi hija. Ella se acerca y deja la moneda en el cubo, para lo cual él debe agacharse un poco, ya dije que era alto. Lo curioso es que al levantar la cabeza, a quien ha guiñado ha sido a mí.

Bitácora del desextrañamiento


Edito para conservar el análisis, necesariamente espontáneo:

1. Aclaración pertinente. La fotografía está tomada de este texto. Por lo que se ve, el protagonista de mi anécdota cambia de lugar más a menudo de lo que compruebo, que no de táctica.
2. Liliana siente una gran curiosidad por conocer un porqué que admite puede ser múltiple: el del mendigo, el de la metáfora escondida, el mío propio, algún metaporqué, digamos, arquetípico que a su vez dé lugar a otros aplicables a situaciones totalmente antitéticas pero idénticas en lo fundamental.
3. Carlos, mediante una hipótesis más que acertada, adjunta un término económico (y por lo tanto nada excéntrico) a la discusión: el de la domiciliación. Pero éste abre una vía perpendicular de nuevos porqués: ¿domiciliación del afecto, o del agradecimiento?, ¿domiciliación del nuevo emplazamiento de la actividad, ya no ElCorteInglés sino calle Larios?, ¿domiciliación de eventuales y futuras monedas?

5 comentarios:

Liliana A. dijo...

Me genera una enorme curiosidad saber el motivo por el cual el guiño fue dirigido a ti y no a tu hija.Ya sé que las conclusiones las puede sacar uno, pero...son tantas...Es un hermoso relato!!!!!!

Bolmangani dijo...

Hola, Liliana. En mi opinión hay varios motivos, como bien dices. Pero preferiría escuchar ideas antes de simplemente escribirlas aquí. Ése fue realmente el motivo de que pusiera por escrito el suceso (absolutamente real).

¡Venga, anímate!

Carlos González P. dijo...

Es cierto que la anécdota es curiosa, pero no acierto a saber cuál puede ser el motivo de ese guiño. Quizá sea porque el agradecimiento quiere ir al origen de la moneda (tú) buscando una complicidad que te "comprometa" a dejar mas monedas en el futuro. Hacerte saber que sabe de ti. ¿Será como una domiciliación?

Bolmangani dijo...

He editado el texto con una guía de desextrañamiento. A ver qué pasa.

Carlos González P. dijo...

Sin duda "domiciliación de eventuales y futuras monedas", que al fin y al cabo será su modo de vida.

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