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20 de feb. de 2012

Fascinación

«El pequeño Billy Twillig subió a bordo de un Sony 747 con destino lejano. Esto es lo que se sabe con certeza. Que subió al avión. El avión era un Sony 747, rotulado como tal, y efectivamente estaba previsto que llegara a un punto determinado un cierto número de horas después de que despegara. Esto es algo a verificar, un redondeo (un khalix, un cálculo), tan real como el número uno. Pero delante estaba el horizonte somnoliento, latiendo en el polvo y los gases, una ficción cuyos límites los determinaba la propia perspectiva, no muy diferente de esas cantidades (la raíz cuadrada de menos uno, por ejemplo) que conducen a nuevas dimensiones.

»El avión rodó hacia una pista apartada. Billy estaba amarrado a un asiento de ventanilla. Junto a él según el diseño de asientos cinco-dos-tres-dos-cinco del avión había un hombre leyendo una revista de embarcaciones y al lado del hombre había una, dos, tres niñas pequeñas. Eso era todo lo lejos que Billy se había preocupado de explorar por el momento. Tenía catorce años y era más bajo que la mayoría de los de su edad. Visto desde cerca podría decirse que ofrecía un extraño aire de concentración, una intensidad fija que compensaban sus evasivos ojos marrones y su actitud por lo general apática. Desde lejos daba la impresión de no estar completamente a gusto con su entorno actual, recelosamente encorvado en su asiento, un recién llegado en aquel reducto de tecnología y luz viciada. El sonido del sistema de propulsión en miniatura se hizo más fuerte y pronto el avión estuvo en el aire. Su ángulo de ascenso fue lo bastante pronunciado como para asustar al chico, que nunca antes había estado en un avión. Con Suecia en guerra, había recibido su Premio Nobel en una breve ceremonia sobre un trozo de césped en Pennyfellow, Connecticut, viajando a y desde aquel escenario en el asiento trasero del pequeño Ford de su padre.

»Fue el primer Nobel en Matemáticas que se otorgó. El trabajo que condujo al premio sólo lo entendieron tres o cuatro personas, todos matemáticos, por supuesto, y fue su exhortación confidencial la que hizo que el comité del Nobel, tradicionalmente perdido en este campo, se decidiera finalmente por Twillig, nacido Terwilliger, William Denis Jr., cuya cada pulgada era prematura, la cabida justa de una jarra de un cuarto.» (Comienzo de Ratner’s Star, Don DeLillo, 1976.)

Esta novela de DeLillo no está traducida al español o castellano, como quiera llamárselo. Un error editorial más, porque se trata de una de sus novelas cuya lectura es más asequible o cuyo esfuerzo lector resulta más democrático sin que por ello suponga un insulto a quienes se niegan a perder el tiempo con narrativa banal y descafeinada, una subespecie dentro de la narrativa hardcore que abunda poco y quizá sea esta otra de las razones de por qué es tan complicado ir sumando adeptos a la ficción literaria verdaderamente valiosa. Don DeLillo ha escrito 16 novelas, 5 obras de teatro, un guión de cine, un puñado de ensayos, 21 relatos “computados” o “computables” —9 de los cuales han sido recogidos recientemente en The Angel Esmeralda, aún no traducido al español—, y sobre su trabajo se han escrito decenas de libros (25 según la wikipedia pero yo tengo otros que no se mencionan en la lista), ha recibido 18 premios literarios a lo largo de su carrera y ha quedado finalista o ha sido nominado a otros 7, todos importantes. Pero no todo su trabajo está en nuestro idioma, y los lectores se están perdiendo parte del fascinante trabajo de uno de los mejores escritores del siglo XX y lo que llevamos del XXI.

Personalmente siento fascinación por la escritura de Don DeLillo. No sólo por lo que escribe sino por cómo lo escribe. Aquí está la diferencia fundamental entre la especie de autores a la que él pertenece y el resto. Sus resultados no son especialmente complejos, pero sí exigen del lector una capacidad para rellenar huecos, inferir expresiones, ponerse en situación. Es un maestro en la introducción en ambientes, en la disposición escénica, y un crack en desarrollar aspectos psicológicos a través de los diálogos. Además, no caigo ahora mismo en otro autor cuya poesía —sí, poesía, en cada frase— sea tan clara y poderosa como la suya, una manera de metérsela doblada al no lector de poesía por medio de imágenes irresistibles y extrapolaciones insólitas, y todo ello sin caer en la baratura ni en el símil desaforado; la mayoría de las veces sin siquiera utilizar el socorrido símil.

Pero Ratner’s Star no está traducida, tampoco End Zone, ni Great Jones Street, ni Amazons. De esas cuatro sólo he leído la primera, y ha sido recientemente. Sabía de su existencia, e intuí su calidad cuando encontré esta imagen:


Entonces la compré y la leí y quedé fascinado por la inteligente mezcla de géneros y temáticas (matemáticas, ciencia ficción, futurología, socioespeculación) como por los múltiples recursos que en ella usa DeLillo (cinismo, humor, devaneos lingüísticos). Y como aprendí en un seminario de marketing viral al que asistí el año pasado que a un campesino chino “sólo” le separan seis niveles de relación del presidente de Estados Unidos, busqué y pregunté a la agente literaria de Mr. DeLillo si los derechos en español de Ratner’s Star estaban libres o no. Y para mi sorpresa (pensaba: a ninguna editorial española le interesa esta novela, pero podría darse el caso de que hablando de ella alguna se animara, no sería la primera vez que sucede, y DeLillo es un tótem, etc.), la señora, muy amable, me respondió que los derechos en español de todas las novelas de Mr. DeLillo están acordados, o bajo acuerdo, o contratados, o directamente vendidos, con/a Seix Barral. Genial, pero entonces ¿por qué carajo no sacan ya la versión española de Ratner’s Star?

Ellos sabrán lo que hacen, lo que no hacen y por qué, allá en las highlands de la edición. Por lo pronto acaban de reeditar otras dos novelas de DeLillo, Fascinación y Los nombres. Hablemos algo de la primera de ellas.

Su título original es Running Dog, expresión cuyo significado el traductor, Gian Castelli, aclara en una nota a pie de página:

“expresión que alberga el significado de ‘perro acosado’ o, menos literalmente, ‘perro sarnoso’, con la que, concluida la guerra, denominaban en Vietnam a los estadounidenses que abandonaban el país”, 33.

También es el nombre, en la novela, de la revista para la que trabaja la periodista Moll Robbins, uno de los personajes. Sin embargo Seix Barral prefirió alterar radicalmente el sentido que quiso darle DeLillo a su obra, cambiando el título —pues ni siquiera mediante hipnosis podría considerarse Fascinación una traducción de Running Dog— y con ello su objetivo o propósito. Según la sinopsis de la edición en español la novela trata del descubrimiento de una posible película pornográfica rodada en el búnker nazi del Tiergarten días antes de la caída de Berlín, “y cuyo protagonista sería, ni más ni menos, Adolf Hitler”. Y un poco más adelante dice que los “personajes se olvidan de sus motivos”. Es decir, o hablando claro: la novela no va de eso, de ahí que los personajes “olviden sus motivos”. Hay, sí, una película misteriosa por la que se ha llegado incluso a matar a una persona. Hay también una periodista —la que trabaja en Running Dog— que quiere ver la película pero sobre todo escribir un buen reportaje sobre un político que colecciona obras de arte pornográfico de toda edad y condición. El político desea la película, un jovencísimo empresario del porno —precursor de ciertos personajes de Bret Easton Ellis— quiere la película por motivos obvios, un marchante de arte pornográfico está detrás de su rastro: hay, sí, fascinación por ver y saber, fascinación por el cómo y el porqué y el quién. Pero todo ello, sin ser ni mucho menos accesorio, tan sólo refleja la cuota de entretenimiento que DeLillo imprime a la historia (parte de esos “algunos ingredientes del thriller tradicional” que indica la contraportada), porque lo que verdaderamente hay en esta novela es la historia de un agente especial de la CIA entrenado para morir y de un militar bastante salvaje reinsertado tras la guerra de Vietnam como máximo directivo de Matriz Radial, una empresa de sistemas cuyo propósito fundamental es servir de tapadera financiera a las barrabasadas exteriores de la Agencia —“la prolongación lógica de los negocios es el asesinato”, p. 111—, que termina viendo alterados o, mejor dicho, adulterados los fines para los que fue creada. Una deriva bastante menos concentrada y puntillosa que la recreada por Denis Johnson en su magistral Árbol de Humo, sino más bien, en consonancia con el modus operandi de DeLillo, retratada en gran parte por las actitudes y hechos del presente (de la novela), y sólo con el relato más parco de acontecimientos pasados que pudieran ser imprescindibles para una comprensión cabal del ahora al que el lector asiste en su lectura.

Jospeh Conte establece una interesante relación entre Running Dog (es decir, Fascinación) y Ruido de fondo: mientras que en la más temprana DeLillo habla de superabundancia de tecnología en términos paranoides —“Cuando la tecnología alcanza cierto nivel, la gente comienza a adquirir conciencia criminal. Alguien anda tras nuestra pista, quién sabe si los ordenadores, La policía mecanizada, acaso …”, 138—, en la segunda los personajes sufren los síntomas de enfermedad por información —y de ahí el título, White Noise, y su traducción tan acertada: Ruido de Fondo—. Y dice que si hubiera que trazar alguna relación entre el propio escritor y los personajes de ambas novelas (Gladney en Ruido de fondo, Mudger en Fascinación), DeLillo estaría más cerca de Earl Mudger por su “sensación de tecnofobia e intranquilidad, y la queja expresa de que la tecnología de la información se ha convertido en algo incomprensible para sus propios sometidos”, Design & Debris, 2002, The University of Alabama Press, p. 235.

Paranoia, tecnofobia, acoso: “Perros acosados”, o quizá “Acosados” solamente, pero no “Fascinación” para intentar denotar lo que no es. Aquí no hay un thriller sino un DeLillo temprano que sin llegar al nivel de Submundo o Ruido de fondo, roza muchos de sus méritos. Hay que agradecer las reediciones (ya hablaremos de Los nombres), e insistir en la traducción ya de lo que queda, sobre todo de Ratner’s Star.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

"Running dog" ya fue publicada como "Fascinación" por la editorial Circe (es la misma traducción). Un saludo.

José Luis Amores dijo...

Los libros que tengo de DeLillo son de Ediciones B, Circe, Booket y Seix Barral. Los mejores suyos en Circe: Ruido de fondo y Submundo (también Americana). Tal y como se fueron publicando, a salto de mata, los fui comprando (pero yo llegué tarde y despistado). La cosa es que no investigué antes de escribir lo de arriba. De todas formas la decisión de cambiar el título podía haberse modificado, aunque reconozcamos que "Acosados" parece el título de un best-seller peleón.

Pilar dijo...

Reconozco esa imagen, la que contiene un montón de anotaciones de... ¿podrían ser de Wallace? Juraría que la he visto pero no encuentro el documento.
No he leído a Delillo, pero en una ocasión tuve en mis manos "Contrapunto" (¿Lo has leído?), un ensayo que habla de sus obras, creo recordar. Me lo trajeron por error, yo había pedido "Contrapunto" de Huxley y estuve "a punto" de llevarme el de Delillo, pero no lo hice. Ahora me arrepiento, porque se trata de un documento cuyo original fue publicado en una revista americana ya desaparecida, y por lo tanto será difícil encontrar.

José Luis Amores dijo...

Esa imagen es de Wallace, sí. La puse como parte del collage que usé como portada del documento que puse en este post: http://bolmangani.blogspot.com/2011/11/la-critica-literaria-segun-dfw.html. Por eso te sonará.

Contrapunto no lo he leído. Pero creo que el día que te apetezca comenzar con DeLillo podrías coger "Ruido de fondo". Hay un gran consenso con esa novela.

José Martínez Ros dijo...

Sr Bolgamanti, creo que sus recelos hacia la industria editorial española son francamente exagerados e, incluso, sospechosos. Es cierto que no todas las novelas de DeLillo están traducidas, pero sí las más importantes (creo que las he leído todas, y francamente, la parte más interesante de su obra y celebrada por crítica/público se inicia con la publicación de la novena, White Boise, en 1985, anteriormente tiene alguna obra que se puede destacar como Americana o Running Dog, pero que no admiten comparación ni de lejos con Submundo o Mao II), pero –y a pesar de que no creo que sea un autor con un público precisamente masivo- dos editoriales, primero Circe y ahora Seix Barral se han ocupado de que sus obras cumbre estén en nuestras librerías, y sea fácil de localizar, cosa que les agradezco, al igual que a Tusquest por lo que hacen por los lectores españoles de Thomas Pynchon. Incluso, han editado su teatro (y eso que DeLillo no me parece que sea un gran dramaturgo) y no me cabe duda de que acabaran publicando absolutamente todas sus obras, incluso las más prescindibles, ya que por muy fetichistas que seamos de un gran artista como es, sin duda, DeLillo tiene algunas novelas que quedan muy por debajo de su nivel, como Los nombres –que me parece un peñazo pseudofilosófico y pretencioso- o End zone, y tampoco podemos pretender que una editorial como Seix Barral publique media docena de traducciones de DeLillo al año, por muy fans suyo que seamos: que publiquen dos o tres libros al año de un autor –minoritario como es- ya me parece fantástico. Me preocupan más autores como Doctorow o John Hawkes, que son mucho más difíciles de localizar para los lectores españoles. Como afirmaba Kafka, el mayor mal es la impaciencia y como dicen en mi pueblo es muy fácil ver los toros desde la barrera. Un cordial saludo.

Anónimo dijo...

Yo diría que lo mismo que hace Seix por DeLillo lo está haciendo Miscelánea por Doctorow. Y respecto a Pynchon y Tusquets preferiría que esta dejara los derechos a otra editorial con más ganas de publicarle para que se pudieran encontrar sus libros en buenas condiciones.

Pilar dijo...

Yo añadiría que hay pequeñas editoriales que están haciendo un buen trabajo. Rescatan obras, autores olvidados y cuidan las ediciones. No tienen un catálogo tan extenso como las grandes editoriales, pero tampoco lo necesitan para permanecer en el mercado debido a la calidad de que ofrecen. Algo que algunas editoriales parecen haber olvidado. No vale repartirse grandes autores y echarse a dormir. No, no vale.

José Luis Amores dijo...

José, no veo los toros precisamente desde la barrera, pero ese es otro tema. Es cierto que DeLillo no tiene un gran público en España, ni Pynchon, ni Hawkes ni tantos otros, pero es a lo que se ha acostumbrado el lector: el mercado editorial los fabrica a cientos, a los lectores, y los lectores “agradecidos” retroalimentan ese mercado editorial facilón y autocomplaciente. Un círculo vicioso en el que las minorías salen perdiendo, aunque eso es lo habitual, ¿no? Y no es una queja plañidera sino mera constatación. Date una vuelta por una librería y me cuentas.

Anónimo, disiento en lo de Tusquets. El trabajo que ha hecho con Pynchon ha sido enorme. Yo al menos me doy por satisfecho.

Pilar, y menos mal que existen esas pequeñas para ir recogiendo lo que las grandes desprecian porque ellas mismas se han preocupado de, con la avalancha de comercialidad, lo exclusivo no venda e incluso se haya acabado convirtiendo en restos de mercadillo, baratijas, como esa de DeLillo con que abro el post.

Saludos a todos.

Anónimo dijo...

Y me pregunto a mí misma: ¿por qué porras no he leído más de DeLillo? Leí "Ruido de fondo" y me pareció genial: una gran novela con la que me reí a carcajadas. Tengo que buscar más cosas de ese hombre (los "Hitler Studies" son un clásico en mi casa, y la gran frase de: "cariño, soy director de departamento, ¿tú has visto alguna vez que evacúen con canoa a un director de departamento? No, son siempre pobres o negros los que son evacuados"). La escribo y me muero de risa.

Las editoriales son un negocio. Yo entiendo que no publiquen todo, pero también creo que sí que hay mercado para autores como éste. También es verdad que no tiene un inglés difícil de leer, lo que es una ventaja a la hora de pasar de las traducciones.

Por cierto, veo que citáis a un tal John Hawkes, que desconozco. En la wiki sólo me sale un actor. Mi bibliomanía necesita más datos.

Arte

José Luis Amores dijo...

Arte querida, ya estás tardando en leer Submundo, que además es de las tuyas: gorda y apasionante.

Respecto a Hawkes, ya hablaremos de él. Ahora quiero terminar dos cosas raras (una de ellas muy bibliófila) para las que no encuentro el momento, y meter otra sobre economía, a la que tampoco quiero dar la espalda ahora.

Javier Calvo dijo...

A mí me han encargado ya traducir "Great Jones Street" y "Endzone", y a Ramón Buenaventura "Ratner's Star" y no sé si alguna otra.

José Luis Amores dijo...

Eso sí que es una gran noticia.

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