10 feb. 2012

La novela de la novela

En diciembre de 2009 alquilé un piso en el Centre Point House de Londres, en la confluencia de Charing Cross Road, Tottenham Court Road y New Oxford Street, a tiro de piedra literal de Bloombury Street, del British Museum y de un supermercado Sainsbury’s que parecía no cerrar nunca, justo enfrente de un Starbucks y encima de la estación de metro de Tottenham, que estaba en obras y para llegar a Foyles no se podía acortar camino por la explanada de la estación de autobuses sino que había que dar un pequeño rodeo por el tramo final de (old) Oxford Street.

Por toda lectura llevaba en la maleta un volumen recién editado entonces por Alfaguara de los Cuentos Completos de Nabokov de más de 800 páginas, sin estrenar. Así y todo, una tarde en la que mi familia estaba harta de andar y de subir y bajar escaleras y autobuses, metros y algún taxi, aproveché para dar ese rodeo extra por la calle más consumista del Inglaterra y acercarme a Foyles a que me pasaran la tarjeta por una de esas máquinas universalmente extendidas por los comercios del mundo. Compré una cantidad indecente de papel encuadernado y volví para cenar y enfrascarme en la lectura del volumen de Nabokov, que recoge un relato titulado “Las hermanas Vane” (732-746). Se trata de un cuento bastante famoso, no sólo por la habitual habilidad de su autor con la estructura, tono, tema y lenguaje, sino también porque —había leído en alguna parte— al parecer las letras iniciales de las palabras del último párrafo forman un acróstico que incluye un misterioso mensaje relacionado con la trama del relato en sí. Sin embargo, con mi ejemplar adquirido hacía sólo un par de semanas, mediante dicha operación (último párrafo, primeras letras, etc.) lo que obtuve fue esto:

PFMPLQCCPCTMPEANSNTALQASAISSESTCRLUMDSMTPEDAIP

Es decir, nada. Había en ese párrafo en español muchas palabras, más de las que utilizó Nabokov en el original:

I could isolate, consciously, little. Everything seemed blurred, yellow-clouded, yielding nothing tangible. Her inept acrostics, maudlin evasions, theopathies — every recollection formed ripples of mysterious meaning. Everything seemed yellowly blurred, illusive, lost.

Del que sí cabía extraer este increíble acróstico:

ICICLESBYCYNTHIAMETERFROMMESYBIL
(Carámbanos de Cynthia, Metros de mí, Sybil)

Lo que conseguí averiguar mediante el burdo procedimiento de volver al día siguiente a Foyles para comprar otro volumen que recogiera la edición original de “The Vane Sisters”. Después me olvidé del asunto. Hasta hace un par de meses.

Hace un par de meses reparé de manera consciente en la existencia de un personaje del mundo literario estadounidense llamado Steven Moore. Sé que lo conocía de mucho antes, de pasada o leída rápida, pero no recuerdo de dónde ni en qué contexto. Moore es un académico inusual, experto en la obra de, entre otros, los William Gaddis, Burroughs y Gass, además de John Barth, Thomas Pynchon y David Foster Wallace: uno de los nuestros. Fue él quien publicó el Fire the bastards! [¡Despidan a esos desgraciados!] de Jack Green en formato libro. Fue él quien se ocupó de editar en inglés el Larva de nuestro querido Julián Ríos. Es o fue bajista de rock, bailarín clásico y profesor de cursos de posgrado de literatura. Es Doctor en Literatura, crítico literario y editor. Y en 2010 publicó el primero de los dos volúmenes de que consta su Historia alternativa de la novela, en la que desarrolla, de la manera más atractiva, amena e ingeniosa que cabe imaginar —o mejor, que no cabe imaginar, habida cuenta del cómo se suele y de quiénes suelen abordar este tipo de temáticas—, la historia de la novela como género desde los antiguos egipcios hasta nuestros días. Una obra sencillamente fantástica. Supe de ella por un amigo escritor, el de siempre, quien me recomendó que leyera siquiera la introducción, de poco más de 30 páginas o algo menos de 40. Lo hice hace poco, y seguí leyendo, hasta que concluí que no estaba ante una obra académica normal, sino ante algo mucho más valioso y, además, mucho mejor fundamentado que los clásicos mamotretos históricos y/o académicos que sirven para dormirse rápido o para elevar la pantalla del ordenador.

La idea de que el lector español —me refiero al lector serio— no pudiera disponer con facilidad de aquel material me parecía un pecado literario enorme. Estamos hasta la coronilla de ensayos basura que tratan parcialmente el tema, dando por sentado hasta la propia punta del iceberg, y escritos además bajo tales condiciones de arrogancia y pretenciosidad que dan ganas de utilizarlos como combustible en estos días de frío desacostumbrado. El de Steven Moore no. Ese libro es otra cosa y además está escrito de tal forma que uno se lo pasa como un cochino en una charca leyendo la historia de la novela india en el Renacimiento europeo o revisitando La Celestina en palabras de un yanqui en la corte de un rey tan chulo que ni lee. Por lo que decidí hacer algo cuyo resultado se puede apreciar más abajo: escribí a Moore pidiéndole permiso para traducir al castellano la introducción de su obra y ofrecerla gratis a quien leyere. Y —contra todo pronóstico ajeno— me dio su autorización.

He tardado más de lo que preveía porque he perdido mucha práctica en esto de la maquetación, y mis suministradores de servicios gratuitos ya no responden mis mails ni me cogen el teléfono, pero aquí está. En el breve y reciente intercambio de correos entre Steven Moore y yo, él me comentaba que procurara captar bien el tono casual con que había escrito esa larga introducción; algo relativamente fácil, como se comprobará, puesto que su contenido revela a las claras que la intención del autor, aun siendo rigurosa y estando basada en una evidentemente vasta erudición libresca y literaria, es llegar al lector común —serio—, lo que logra adelgazando su estilo de la prosa adiposa y la terminología cosmicómica con que la grey académica suele engordar sus ensayos, alcanzando así un nivel de claridad —pero también de diversión— sin igual en este terreno habitualmente árido y, hay que decirlo, aburrido hasta la muerte.

Por otra parte es un placer poder hablar bien de alguien que no es de aquí ni tiene libros editados aquí por editoriales de aquí. Algo en lo que los integrantes de este Bollywood de la crítica literaria formado por blogs y publicaciones colectivas en red deberíamos prodigarnos más: traer cosas raras y fantásticas que nuestro timorato sector editorial no se atreve a importar por no estropear sus flujos de ingresos, alimentados por una dieta rica en tonterías que mantiene idiotizada a la masa lectora española. Qué poca vergüenza (aunque excepciones hay, naturalmente).

No me extiendo más. Tan sólo indicar que sólo de uno de los tres textos que Moore utiliza como sparrings en su introducción hay traducción al castellano, que yo sepa (tampoco he investigado a conciencia). Se trata del A Readers’ Manifesto, de B. R. Myers, traducido en su día por Mauricio Salvador y todavía accesible en línea en la antigua web de la revista literaria (y de artes marciales) Hermano Cerdo.

Ah, y se me olvidaba: el motivo de arrancar este texto con Nabokov y terminar en Moore se encuentra en el propio documento.




27 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué curro. Felicidades otra vez.

Foyles fue la primera (y por ahora única) librería en la que me he perdido. Literalmente. Tenía 17 años (no sé si eso es atenuante o no). Eso fue antes de que la reorganizaran, claro.

Arte

José Luis Amores dijo...

Aviso importante (al menos para mí): cuando jugaba a rehacer la traducción del último párrafo del relato de Nabokov, me comporté como un vago y no releí el relato. Tan sólo el último párrafo, necesariamente lacónico en palabras porque su intención es doble. De ahí que no me diera cuenta de que la traducción exacta de "meters" en este contexto es parquímetro y no metros. Por lo que la solución al "problema" que he propuesto adolece de un error graaaave, amen del estilístico más que obvio.

La traducción correcta del acróstico escondido es "Los carámbanos son de Cynthia. El parquímetro es mío. Sybil". Solución (y aviso de metedura de pata) que me ha proporcionado Javier Calvo. Gracias, Javier.

José Luis Amores dijo...

Gracias, Arte.

Con todos esos libros en el suelo y rodeando las escaleras, y las varias entradas y muchas plantas, aquello es un laberinto.

Blumm dijo...

Ahora que lo has citado, persigo a Gass. ¿Dónde encontrar algo traducido? Llevo a Gass tatuado. Me dejo llevar por la intuición, puesto que le sigo la pista por intución, la verdad, igual que me dejé llevar cuando compré, como tú, ese tocho de Nabokov que tengo ahora encima de la mesa.
Gracias, José Luis.
¿Qué sabes de Gass que no sepa el sector editorial español? ¿Quién lo va a editar, j.?

José Luis Amores dijo...

Hola, Bernardo.

De Gass, en español, leí En el corazón del corazón del país, que son unos relatos brutales. Lo tengo aquí al lado. Como sé que es difícil, o muy difícil, de conseguir, te lo presto con la condición de que no me seas tardoso leyéndolo que me subo por las paredes. Ya me escribes cuando quieras que te lo envíe.

Pero lo mejor suyo que he leído es El túnel, a la que seguramente el sector editorial español le tiene simple MIEDO. y sus ensayos críticos son brutales también. Tiene más cosas (novelas cortas, relatos) que no he leído. Ojalá se editaran aunque fuera para unos pocos. Lo que dijo Sergio en Tongoy: ediciones Gourmet. Un lujo imposible hoy por hoy.

La sargento Margaret dijo...

Querido Amores:
Yo, como sabes, soy más franzeniana que fosterwallaciana. Eso no quita que de vez en cuando disfrute con las novelas del otro bando. Me ha lo he pasado de maravilla leyendo la introducción del libro de Moore (al que no conocía) por ti traducida. Propongo que el inexistente ministerio de cultura te compense por tu trabajo con el importe correspondiente a una semana de la beca de uno de esos jóvenes que malgastan su tiempo haciendo el idiota y chupando del dinero público. Lo tuyo sí que ha sido un servicio (al ) público.
Yo de la introducción esta que nos has regalado, me quedo con la deficición de novela de Jane Austen que el autor valora positívamente: “Trabajo en el que se demuestran los más grandes ingenios, en el que el conocimiento más riguroso de la naturaleza humana, la delineación más alegre de su diversidad, las efusiones más vívidas de ingenio y humor se trasmiten al mundo en el lenguaje más adecuado.” Y resalto: “el conocimiento más riguroso de la naturaleza humana” porque entiendo que novela sin hombre no es novela. Si la novela no profundiza en el relato y retrato de la persona, no hay novela que valga.
Por ese motivo me parece artera la distinción entre entretenimiento y arte. Creo que con ella, el autor arrima el ascua a su sardina de forma poco honesta. Dice Moore que “la diferencia entre narrativa de masas y literatura estriba en lo que los escritores hacen con las palabras; la primera sitúa su énfasis en la historia más que en el lenguaje usado para contar la historia: en literatura ese lenguaje es la historia; es decir, la historia es ante todo un vehículo para el despliegue lingüístico de la capacidad de retórica del autor.” Pues yo te digo que he leído novelas (en la época en que yo era muy moderna y me lo tragaba todo) con un despliegue retórico impresionante, con unas digresiones apabullantes que para mí, visto desde la experiencia que hoy sufro o disfruto, tenían/tienen de calidad literaria menos que las novelas de la generación “Nocilla”. Si una digresión –por pesada y farragosa que sea- me hace adentrarme en la espesura de la mente humana, por ejemplo, bienvenida sea. Pero si de lo que se trata es de jugar con las palabras para demostrar lo artista que es el autor y no me dice nada de los personajes, pues, mira, que no. Es por eso que no estoy de acuerdo con Moore. “Despliegue lingüístico de la capacidad retórica”, huy que miedito me da eso.
El caso de Lolita, con esa divertida anécdota de los soldados salidorros, es un buen ejemplo de novela que aúna –utilizo la distinción del autor, aunque no me gusta- arte y entretenimiento. Pero no se nos debe olvidar que es así porque Nabokov nunca deja, en su novela, de hablarnos de los personajes. Que nadie se olvide de los personajes. Digo.
Por eso - y en general - prefiero Franzen a David Foster Wallace, y Tostoi a Joyce. Pero es solo mi modesta opinión, claro.
¡Ah! Y lo de decir que los MPF tienen la misma estética que el soldado libidinoso que empieza a leer Lolita es malintencionado como poco. También es verdad que Myers se pasa criticando a Mc Carthy. (pág. 28).
Gracias, una vez más, José Luis. He pasado un rato muy bueno con tu trabajo.
La sargento Margaret.

José Luis Amores dijo...

Pero Maggie, no saques las cosas de contexto:

"El gran entretenimiento es mejor que el mal arte, y uno no debería condenar las obras de arte por no ser más entretenidas, ni al entretenimiento por no ser más artístico. Esto es más que obvio" (p. 16).

"Lo que eleva a algunas transformistas al estatus de divas mientras que otras se quedan
en meras reinas es la calidad de la representación. En otras palabras, el atuendo no es tan importante como lo que se hace una vez que se lleva puesto
", citando a Peck (p, 19).

"Por supuesto, es igual de descerebrado apoyar simplemente la novedad por la novedad, ponerse y quitarse modas pasajeras por costumbre. Sólo porque algo sea nuevo y diferente no necesariamente tiene que ser bueno" (p. 41).

"Naturalmente, se producen un montón de cosas mediocres que se autodenominan arte, tanto en literatura como en otros campos, y se necesita desarrollar una sensibilidad estética para distinguir lo bueno de lo malo, las novelas innovadoras de las simples novedades" (p. 45), la cursiva es mía.

Todo esto sin salirme del texto de donde tú citas, es decir, del de Moore que he colgado.

Respecto a los MPF, en este caso son simples sparrings. Moore hace lo mismo que Franzen se ha acostumbrado a hacer a diario: provocar.

Gracias a ti por la lectura.

Leo Mares dijo...

GRACIAS, José Luis. Disculpa las mayúsculas pero es que no he encontrado otras letras más grandes
Abrazo

Blumm dijo...

Gracias por el ofrecimiento, pero déjame agotar la búsqueda.
Es sorprendente que ningún editor haya caído en este autor, totalmente "inédito" en España.
A ver si levantamos la liebre...
Gracias por ofrecérmelo, José Luis.

José Luis Amores dijo...

De nada, Leo. Tu comentario vale más así.
Un abrazo.

Bernardo, muchos editores han caído en ese autor. Lo que sucede es que el contenido de sus obras no es comercial (best-sellers) ni tontaina (literatura convencional) ni acomodado (ambas). Igual se edita, si a algún "editor" le apetece perder dinero.

Marc Martínez Garcia dijo...

Muy interesante la traducción de Moore. Gracias

Julia dijo...

Me meto con él, gracias por la traducción, siempre me gusta que me descubran cosas nuevas, ya alli tienes mucho merito para mi al margen de los resultados. :) Un abrazo, José Luis

José Luis Amores dijo...

De nada. De nada. No es para tanto, he actuado de currito, me sale bien ese papel.

Saludos.

Cristal dijo...

El problema de la distinción entre Arte y Entretenimiento en narrativa se puede rastrear hasta en el texto mismo del Quijote, y seguramente más allá también.

Interesantísimo el texto de Moore, invita a reflexionar. Muchísimas gracias por compartir tu trabajo, José Luis. Saludos.

José Luis Amores dijo...

Sí, Cristal, más atrás, pero yo no soy un experto; gente como Moore sí. Tiene que haber de todo porque, como dijo el torero, hay gente pa'to, y a todos hay que "distraer", "emocionar", "estimular", etc. Lo penoso es la gente que pudiendo zafarse del entretenimiento barato no lo hacen por pereza inducida, que no de carácter.

Gracias a ti por leerlo.

Anónimo dijo...

Los viejos blogueros nunca mueren: http://cultura.elpais.com/cultura/2012/02/20/actualidad/1329750663_524503.html

Alberto Secades dijo...

Hola:

He llegado accidentalemente hasta aquí y (como sucede en ocasiones), he decidido quedarme y convertirme en habitual. Mi reconocimiento por el meritorio trabajo de traducción del prólogo que, en sí mismo, se convierte en un tratado. Confieso que lo he leído entero, casi de un tirón, y que me ha resultado entretenido (sin pretender agraviar, calificándolo así, al autor, ni al traductor).

Singularmente me ha resultado de especial interés el epígrafe titulado "Elogio de la dificultad". No pretendo aburrir a nadie con un relato, en primera persona, de mi recorrido personal o profesional, pero, me siento obligado a apuntar, que he tenido que sufrir en mis propias carnes la incomprensión de algunas personas (afortunadamente, no la mayoría) que cuestionaban la trayectoria que yo había establecido con anterioridad, porque desconocían las reglas bajo las que se sentían obligadas a actuar, en lugar de dejarse llevar por un camino (bien es cierto que, todavía, desconocido), para juzgar, a la vista del conjunto, si el propósito inicial se había visto cumplido (o no).

En cualquier caso, me apunto para volver; me ha parecido que se ajustaba a una intención (la del artículo, la de la traducción y, en lo que he podido intuir, el conjunto del blog), suficientemente sugerente para incitarme a repetir.

Un saludo

José Luis Amores dijo...

Es lo genial de Moore, Alberto, entretiene con una temática habitualmente árida por el tratamiento que se la de en círculos académicos. Los académicos suelen ser unos pelmas con ínfulas, que esconden su incompetencia tras una sintaxis plagada de incorrecciones y una ristra de teorías absurdas e inconexas. Moore no pertenece a esa cuerda, por fortuna, pues en caso contrario no lo habría leído ni mucho menos hubiera hecho el esfuerzo de acercamiento al lector en español.

Respecto de la “incomprensión” que mencionas y la conexión con el apartado sobre la dificultad, siempre he pensado que aquélla deriva precisamente de la pereza humana: todo aquello que no entiendo, lo desprecio, ni siquiera intento hacer un esfuerzo.

Gracias por quedarte.

Alberto Secades dijo...

No me he planteado (todavía) una teoría al respecto sobre la dificultad, pero realizando un esbozo precipitado creo que, al margen de apoyarse en la incomprensión por lo desconocido (y por tanto, como bien apuntas, en la pereza), se fundamenta en la necesidad de la rutina, que es una de las rayas que se pueden marcar para poner a las personas de un lado o de otro.

Frente a quienes buscan una rutina que (confundiéndola con la necesidad de la pertenencia) les aporte confianza, otros se muestran enemigos declarados de ella y tratan por todos los medios de encontrar caminos (si no novedosos, sí diferentes) para afrontar los retos que tengan que superar.

La rutina da seguridad.

La seguridad no es divertida.

Gracias por aceptarme

Juan Carlos Chirinos dijo...

Una gran iniciativa, José Luis, muchas gracias por ese esfuerzo y por ofrecérnoslo a todos. Ya he encargado el libro en Amazon, ¡por 3 dólares!
Ojalá que alguna editorial te contrate para que hagas la traducción completa, ese libro debería estar en español.
Sólo un detalle queme parece muy importante y desdice de la rigurosidad de la investigación de profesor Morre. Quizá puedas comentarla con él:

Es completamente inexacta la referencia al Realismo Mágico. En las pp. 10-11 de tu traducción, el autor dice:
"Era una forma flexible en la que cabían poemas interpolados, relatos dentro
de relatos, pornografía y parodias, donde se combinaba lo real con lo
fantástico. (En otras palabras, el «realismo mágico» no fue inventado en
la década de 1960 por los escritores latinoamericanos del «Boom», sino que fue siempre una característica del género novelesco.)"

No. El Realismo Mágico no fue "inventado" en los años 60 por los escritores del Boom. El Realismo Mágico fue un término que Arturo Úslar Pietri utilizó en 1948 para referirse a sus relatos; él fue quien introdujo este término en la literatura latinoamericana, tomándolo prestado del crítico Franz Roh, quien fue el inventor del termino en su libro de 1925 "Nach Expressionismus: Magischer Realismus: Probleme der neusten europäischen Malerei".

Úslar, Carpentier y Asturias vivieron en París en la misma época (1930, más o menos), y es en esa época cuando se gestan, en la literatura latinoamericana, tanto el Realismo Mágico como la otra manifestación importante, creada por Carpentier, lo Real Maravilloso.

Gracias por la traducción y un saludo cordial.

Juan Carlos Chirinos

José Luis Amores dijo...

Juan Carlos, es un poco más complicado que eso. Moore lo explica a lo largo del libro, y supongo que en el segundo volumen (que probablemente saldrá a la venta en mayo de 2013) lo concretará aún más. No tanto el término como su contenido, porque al fin y al cabo la terminología es lo de menos, pienso. El realismo mágico aparece por primera vez en unos papiros egipcios (entre el 2600 y el 2450 a.C.) que contienen cinco historias, cada una de ellas relatadas a Keops, el faraón. Otro papiro posterior (siglo XIII a.C.) cuenta la famosa Historia de los dos hermanos, adscribible al género del realismo mágico. Los ejemplos en la novela medieval se multiplican, y de ahí en adelante.

Creo que la lectura te va a gustar, además de por el evidente interés de la materia por la forma en que Moore lo desarrolla y por las conexiones que va estableciendo. Se trata de otra óptica, como el propio subtítulo avisa, “alternativa.

Gracias por comentar.

Un saludo.

Juan Carlos Chirinos dijo...

Sí, eso que señalas lo entendí de esas manera; entendí que en la historia se han repetido fenómenos que en una época determinada han sido calificados de una manera particular, como es el caso del Realismo Mágico. Probablemente el gusto por combinar lo "mágico" con lo "realista" en literatura sea tan antiguo como el propio deseo del ser humano por contar. "Las mil y una noches", el "Popul Vuh", y tantos textos en la historia de la Humanidad explotan este rica veta.

Pero me extrañó que, en un texto en el que el autor está tratando de redefinir la terminología, y con ella, la manera general de ver la literatura, en este caso específico, el concepto de novela, dejara pasar semejante descuido, casi de principiante. Porque una cosa es la presencia secular de literatura que combina realismo y fantasía, y otra cosa es -y estoy seguro de que el profesor Moore la sabe, ya que es un scholar reputado- un término específico, como este de Realismo Mágico; pues al hacer referencia al Boom (estimo que al escribir eso pensaba en García Márquez, el más famoso de los "realistas mágicos" de América -pues ni Fuentes ni Vargas Llosa lo son-) como origen del realismo mágico, está confundiendo la terminología con los hechos.

Si intenta hacer una historia alternativa, taxonómica, como apunta en otro lado, como historiógrafo con nueva óptica se le supone que tendrá cuidado al usar terminología que, por consenso, ha sido utilizada de una manera particular por razones particulares, como te decía del término en cuestión.

Desde luego, que espero el libro con mucho interés, y lo leeré con agrado; y con los ojos abiertos, también.

Un saludo cordial y enhorabuena por este espacio tan estimulante que tienes.

José Luis Amores dijo...

Juan Carlos, ofrece una lista de obras maestras del realismo mágico así como de pasada. Pero como se trata de Moore: "Paradiso, The Autumn of the Patriarch, Three Trapped Tigers, I the Supreme, Avalovara, Terra Nostra, Palinuro of Mexico". Tiene buen gusto, desde luego.

Gracias.

Un saludo.

Juan Carlos Chirinos dijo...

Va a ser muy interesante para mí leer ese libro -espero que Amazon no se tarde demasiado en hacérmelo llegar-, porque, me parece, va directamente hacia la línea de flotación del asunto; si Moore considera "Palinuro de México", "Tres Tristes Tigres" y "Paradiso" Realismo Mágico, es que su concepción de éste apunta claramente hacia otro lado -de hecho, "Yo, el supremo" y "El otoño del patriarca" suelen leerse más dentro del apartado "novelas de dictador".
No he leído "Avalovara"; yo pensaría más en João Guimarães Rosa para el Realismo Mágico brasileño.
En fin, espero a Moore.
Un saludo y gracias.
Me pregunto cuál ha sido la recepción crítica de este libro en los círculos académico de EEUU.

José Luis Amores dijo...

Nos hemos quedado solos, Juan Carlos. Ya verás que la recepción ha sido muy buena en ese sentido (aquí: http://bolmangani.blogspot.com/2012/03/blogs-influenza.html, hay un texto largo en el que se menciona por un crítico académico como obra ejemplar). Y te pongo un par de praises de académicos que vienen en la edición en paperback, que es la que yo tengo:

“The Novel: An Alternative History is a breathtaking achievement. Steve Moore isn’t just incredibly well read, he’s also funny, irreverent, argumentative and sometimes even downright mean. There’s nothing dryly academic about his magnifi cent book–it’s as personal as a love affair and just as thrilling. Like Edmund Wilson, Hugh Kenner or Randall Jarrell, Moore writes with real stylish dash, yet backs up what he says with the authority that only comes from vast knowledge. Ancient Greek novels, classics of Asian fiction, medieval romances, Renaissance allegories, Victorian tripledeckers, postmodern experiments–Moore knows them all. For readers, the result isn’t just a history of the novel, it’s also one of the all-time great literary carnival rides” (Michael Dirda, author of Classics for Pleasure and winner of the Pulitzer Prize for criticism).

“Steven Moore’s recent encyclopedic study, The Novel: An Alternative History ... dramatically amplifi es our understanding of what the novel can and cannot do, and highlights living currents that sprang into existence 40 centuries ago and continue to fl ow into the contemporary novel” (Stephen Burn, New York Review of Books).

Juan Carlos Chirinos dijo...

gracias,José Luis, iba a leer ese post nuevo tuyo ahora.
¡un saludo!

Juan Carlos Chirinos dijo...

Me ha llegado hoy el libro de Moore: Amazon se va a comer con patatas a las librerías: he pagado 16 dólares por un libro de 700 páginas en tapa dura, usado, dice, pero -de hecho- nuevo: y me lo han traído a casa. Como no se pongan las pilas Fnac, Casa del libro y El Corte inglés volveré a pasar por ahí el día que me invite Rita.
Tengo a Moore. Lo hojearé. Y lo leeré lentamente, pero lo leeré.
Ojalá alguna editorial de estas modernetas a las que se les supondría inteligencia y ánimos tenga la buen idea de buscar la pasta y contratarte para que lo traduzcas en forma. Pero sueño despierto. Hay tanta papanatez, tanta papanatez...
saludos!

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